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Opinión

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El continente

Más nos vale tomar conciencia del privilegio de ser vecinos de Estados Unidos y empezar a sacarle jugo, en serio, no de boca para afuera, a esta posición.

De la devastación a la unidad se subtitula un libro del autor nacido en Dublin, Richard Mayne sobre el resurgimiento en tierras europreas cerca de 1970.

Con la inspiración de la idea comunitaria del empresario y banquero de inversiones francés, Jean Monnet, es increíble lo logrado desde 1950, cuando el Plan Schuman, un acuerdo entre Alemania y Francia sobre el carbón y el acero.

Se llegó al convencimiento de que las naciones independientes no eran viables y que habría que pretender un mercado común para superar problemas internos y constituir una potencia frente a las mundiales de la época, URSS y Estados Unidos.

Largo camino, muchas décadas, desde el Tratado de Roma, 1957, de vencer obstáculos, combatir incredulidades y… perseverar. Pese a diferencias, rencores y belicosidades, más de las que han existido en Latinoamérica, cristalizan sucesivamente dicho mercado, la unión monetaria y la Unión Europea, con Presidente, Comisión y Parlamento.

A pesar de tan notables resultados, únicos en la historia dada la complejidad y vastedad del proyecto, hay quien duda que se logren subsecuentes propósitos: políticas para coordinar el crecimiento y alcanzar niveles de calidad en educación, empleo, derechos del hombre y estándar de vida, aparte de capítulos especiales, como uno de ellos, el del sector energético.

Media gran distancia entre civilización europea y subdesarrollo latinoamericano.

Aquí, nacidos hermanos, primos en el más lejano de los casos, nacidos para la pendencia.

Tentativas unificadoras las hubo desde el XIX, en el camino fallecen ALALC y ODECA, las varias organizaciones que hoy existen demuestran que las diferencias etnoculturales no pueden superarse.

Prolongada historia de nacionalismos y guerras. Militarismo, sables, carga pesada de entorchados y medallas.

Conflictos y agravios que, lo sabemos por nuestra experiencia, no se olvidan.

El objetivo de que Latinoamérica llegue a una comunión como la europea se advierte borrosísimo, el Caribe y el istmo en belén con los pastores, México marcado por el determinismo geográfico. Chile y Costa Rica brillan con luz propia.

Más nos vale tomar conciencia del privilegio de ser vecinos de Estados Unidos y empezar a sacarle jugo, en serio, no de boca para afuera, a esta posición.

Es nuestro continente y contenido natural.

parrollo@eleconomista.com.mx

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