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El conflicto social ignorado
Entretenidos como estamos en las crónicas políticas que se reseñan del México de arriba, con políticos ignorantes a quienes se les aplaude cuando cometen errores, con pactos políticos que confirman el desdibujamiento de la izquierda y la derecha, con el reforzamiento de la presidencia como instancia suprema del poder político, con el canto de las sirenas de las reforma estructurales que ahora si moverán al país al lugar que le corresponde , está pasando desapercibido el crecimiento de la fractura social que divide al país.
El antagonismo social sobre el que se funda la moderna sociedad capitalista implica siempre una fractura entre los de arriba y los de abajo. La fractura social de México puede verse claramente cuando se confirma que múltiples conflictos sociales e incluso rebeliones regionales ocurren completamente al margen de gobiernos, partidos, elecciones e instituciones.
Pero este conflicto se ignora o se estigmatiza debido al liberalismo imperante que centra su mirada y análisis en el sistema político con sus instituciones y procedimientos que ignoran las formas políticas que ocurren al margen de ellos.
Cada vez es más amplio el segmento de la sociedad que vive al margen del Estado, y que no acude a los actores e instituciones del sistema político para procesar sus demandas.
Véase el panorama que se tiene ahora. Desde fines de diciembre de 2012 hasta principios de abril hemos presenciado verdaderas rebeliones populares que están ocurriendo a lo largo y ancho del país: los maestros, normalistas y autodefensas en Michoacán y Guerrero; maestros y pueblos en contra de proyectos privados despojadores de tierras en Oaxaca; multiplicación de pueblos que se levantan para defender sus tierras despojadas por proyectos mineros, turísticos o de infraestructura gubernamental. En el sur, la nueva iniciativa política del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) logró visualizar y parar momentáneamente el acoso y agresiones en contra de las comunidades bases de apoyo y de los municipios autónomos zapatistas.
Todo este cuadro de movilizaciones sociales ocurre sin que el nuevo gobierno, sus pactos y sus reformas repare en ellos.
Las crisis de los partidos tradicionales es tal que incluso las organizacions que se definían de izquierda, han dejado de servir como canales de expresión. Eso está ocurriendo por ejemplo en Guerrero y Oaxaca, gobernados por mandatarios postulados por el PRD o en alianza opositora, gobernantes que han dejado de canalizar las demandas de los maestros y normalistas en el caso de Guerrero, o de los pueblos el istmo de Oaxaca que se oponen a proyectos eólicos, mineros o turísticos. Los gobernantes de izquierda u opositores, gobiernan igual que antes los hicieron priistas o panistas.
A pesar de la ilusión que los liberales depositan en el nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, y que aplauden varias de sus acciones, se está ignorando el crecimiento del conflicto social y el hecho irrefutable de que para muchos mexicanos el sistema político ya no los representa ni los incluye. Todo apunta a que la fractura social será más ancha en los próximos años.
Twitter: @rmartin1011