El uso intensivo de las tecnologías de la información cambió irremediablemente nuestras vidas.

A diferencia de otros, este cambio no fue guiado por falsos mesías ni pedido por las masas, simplemente se alojó entre nosotros través de la Internet.

La nueva realidad aparece inentendible para los actores. Los expertos se han equivocado en los últimos 20 años. Pronósticos fallidos y consultorías obsoletas cuestan mucho dinero a empresas y gobiernos. Sus recomendaciones son una frase ya común: estar atentos al entorno y tomar decisiones para adaptarse al cambio.

Todavía no asimilamos las nuevas pautas sociales, cuando nuevas situaciones modelan el comportamiento y las preferencias de los usuarios. La espiral del aprendizaje parece no tener fin.

En los negocios encontramos que el principal generador de contenidos en el mundo, Facebook, no tiene un solo reportero o editor; el mayor vendedor de libros en el mundo, Amazon, no edita un solo libro, y el mayor vendedor de productos Alibaba no produce ni un clavo.

El terreno público es más incierto, los gobiernos cada día se alejan más de los ciudadanos, la crisis de la democracia representativa parece no aguantar más, gobiernos corruptos e ineficaces han enquistado nuevos nativismos y populismos. Viejos y nuevos caudillos de izquierda y de derecha nos acechan desde la ventana de la desesperación.

El homo videns proclamado por el politólogo Giovanni Sartori se somete al homo coniunctum. La era del hombre conectado empezó conectando personas, seguido de conectar todas las cosas de uso diario, realidad virtual, dinero electrónico, vehículos sin conductor, el big data y la pérdida de la privacidad constituyen su nuevo entorno.

Muchas paradojas se alojan en el nuevo mundo, la comunicación instantánea nos aleja de la comunicación directa, es frecuente que un par de amigos o familias en un café se ignoren para chatear con personas a miles de kilómetros de distancia, poesía y palabra se sustituyen con likes y emoticones.

Redes sociales, aplicaciones, fotos, videos y memes merodean nuestra vida diaria, dándole nuevo sentido y contenido.

Sin embargo, viejos problemas persisten: pobreza, hambre, inseguridad, corrupción y cambio climático se potencian con la incertidumbre mundial. El futuro incomprendido por ahora plantea un panorama de crisis mundial; sin embargo, también abre un océano infinito de nuevas oportunidades.

Está en los individuos, empresas y gobierno entender y adaptarse al cambio o resistirse y refugiarse en el cabús del humanismo de las redes sociales.

Twitter: @ErosalesA