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Opinión

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El Pacto bien vale un Rosario (Robles)

Era ideal, pero imposible, mantener los acuerdos y amarres que Enrique Peña Nieto y su equipo lograron con los dos partidos de oposición en México mediante la firma del Pacto por México. La firma, con sus 95 acuerdos o compromisos de reforma, dio al priista Peña Nieto una bocanada de legitimidad política que ya quisiera cualquier gobierno en su arranque.

De entrada, la firma de dicho instrumento dio la iniciativa política al gobierno entrante, aunque el manejo mediático del Pacto por México permitió a los dirigentes de Acción Nacional y del Partido la Revolución Democrática (PRD) presumir que una parte de los acuerdos eran de su autoría.

Al mismo tiempo, ese reacomodo político permitió sacar del tablero al actor más incómodo del juego electoral, a Andrés Manuel López Obrador. Se debe a los Chuchos del PRD esta jugada; en realidad la novedad del Pacto por México es la inclusión de la izquierda electoral en esta agenda de reformas estructurales, pues desde al menos 1989 Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) han ido juntos en los amarres y acuerdos esenciales del México neoliberal. Juntos sacaron las reformas políticas de la llamada transición a la democracia , y juntos sacaron las reformas estructurales que cambiaron el rostro del capitalismo mexicano.

Pero quizá más pronto de lo que se esperaba, el Pacto por México, está mostrando los hilos más delgados.

Las presiones contra el Pacto por México tenían dos frentes al que se agregó un tercero. El primer frente fue la reacción social a los acuerdos logrados entre PRI-PAN-PRD, por ejemplo la reforma educativa dio un nuevo impulso al movimiento magisterial en varios estados de la república.

El segundo frente al pacto emergió dl seno del PAN y PRD. Tanto el panista Gustavo Madero como el perredista Jesús Zambrano recibieron agrias críticas de personalidades y corrientes de sus propios partidos por haber firmado el acuerdo con el gobierno priista; para muchos ha sido un cheque en blanco que ha debilitado la postura opositora de panistas y perredistas.

El tercer frente toca el nervio central de un partido: sus intereses electorales. Las evidencias que el PAN logró acumular del regreso de la estructura PRI-gobierno en Veracruz, pero fortalecido y vitaminado, fueron un respiro para la atosigada presidencia de Gustavo Madero y ofreció a Acción Nacional la oportunidad de regresar por sus fueros como partido opositor.

Todo apunta a que el desenlace de este conflicto será la salida de la secretaria de Desarrollo Social (Sedesol), Rosario Robles Berlanga. Al comparecer ante senadores la tarde del 23 de abril, la ex jefa de gobierno de la Ciudad de México sostuvo que no tenía por qué renunciar, sin embargo, su permanencia no la decide ella.

Peña Nieto requiere el Pacto por México para sacar adelante las reformas que está ofreciendo en su gobierno, y entre mantener el pacto y mantener a Rosario Robles (que ni tiene grupo político ni partido que la defienda), seguramente se decidirá por lo primero. El Pacto por México, bien vale la salida de Rosario Robles para Peña Nieto.

rubenmartinmartin@gmail.com

@rmartin1011

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