A partir de hoy, México debe restablecer su relación con EU. Es indudable que la realidad debe cambiar entre ambas naciones. Por muchos años la relación fue distante, a veces inexistente, ignorándose el uno al otro, sólo basándose en atender los intereses de nuestro poderoso vecino. Fue a raíz del TLCAN que esta situación comenzó a cambiar, al incorporar de manera estructurada una basta agenda comercial entre ambas naciones y, por primera vez en su historia, en México comenzó a formarse una clase empresarial que no cimienta la fuente de su riqueza en su relación por el poder sino a través de generar valor a la economía, insertándose a las cadenas de suministro al mercado más fuerte del mundo. La agenda de progreso del libre comercio, sin embargo, ha tenido dos limitaciones importantes. La primera, que los beneficios del desarrollo, evidentes en los estados del bajío y norte de país, no se han visto materializados en la región sur-sureste de México. Y la segunda, en la lógica de anteponer constantemente la agenda álgida de la relación antes que la económico-financiera. En efecto, el beneficio de la integración de las cadenas de valor entre ambas naciones ha sido inexistente en estados como Chiapas, Tabasco, Guerrero y Oaxaca quienes han visto que, por su notable falta de infraestructura física —que no humana— las manufacturas se han instalado en estados como Tamaulipas, Chihuahua o Guanajuato y con ello, los mejores puestos de trabajo. Igualmente, a raíz de la pésima estrategia de Felipe Calderón contra el narcotráfico y la imperiosa necesidad de ganar simpatías con los migrantes mexicanos en EU por parte de muchos de nuestros políticos, se ha antepuesto la agenda álgida de la migración ilegal y el tráfico de drogas a muchísimas cosas constructivas que se pueden formar entre ambas naciones.

Hoy, la pandemia universal del Covid y la nueva realidad económica global nos abren una enorme oportunidad para avanzar en una mayor integración económica no sólo con EU sino también con Canadá y convertir la zona comercial de Norteamérica en la más importante del mundo por su número de personas y su autonomía. Nosotros como país debemos dejar de estar de fantasiosos, pensando que desde aquí vamos a influenciar la agenda migratoria y de consumo de drogas de EU. Lo que sí podemos es aprovechar la importante cantidad de inversiones que pueden derivarse de la salida de empresas de China para ahora sí terminar lo que se comenzó con el TLCAN para llevar al sur del país los beneficios de la integración de una vez por todas. México tiene el espacio abierto en las industrias aeroespacial, siderúrgica, en electrónica, electrodomésticos, así como en el campo y agroindustrial, la industria alimentaria e igualmente, en los servicios hospitalarios, la industria farmacéutica, y las industrias química, textil y de calzado. La pandemia y la nueva arquitectura económica mundial son la oportunidad que no podemos dejar pasar como nación, sin dejar un ápice nuestro concepto de soberanía y desarrollo regional. La oficina de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador lo ha entendido así.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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