Cada año, cuando octubre llega a su fin y estamos en los albores de noviembre, se suscitan debates en torno a la tradición, a lo mexicano, a lo antimexicano y a lo comercial y a lo no comercial alrededor de estas fiestas.

En la percepción pública, al parecer, hay rituales legítimos o ilegítimos. Me explico: uno de los argumentos centrales en contra de la celebración del Halloween es que ha sido una fiesta adquirida por fines comerciales de nuestro vecino del norte. Quienes van más allá, argumentan que el Halloween es una fiesta de inspiración pagana, de origen celta. Agréguele a esto lo que causa polémica como el nuevo desfile del Día de Muertos de la CDMX. A este respecto, de las tensiones entre la tradición y la modernidad, de la aparición, permanencia y desaparición de manifestaciones culturales, a la emergencia de nuevas manifestaciones o a la ruptura con el pasado, los antropólogos e historiadores tienen mucho que decir y aclarar.

Vamos por partes. Sucede que el Sahmain era una fiesta celebrada por los celtas, y lo curioso es que tiene todas las manifestaciones que sirven como ritual precursor de las fiestas a los muertos que se hacen por todo el mundo, incluidos Halloween, Día de todos los Santos, la Toussaint, etcétera. El origen del Sahmainn no tiene que ver con brujas o cosas diabólicas. La producción y consumo de alimentos tenía importancia: al marcar el inicio de la temporada de frío, era el día en que todo alimento cosechado debía estar guardado, las frutas debían estar listas en conserva y el trigo que nacería en primavera debía estar ya sembrado. Se ofrecían grandes banquetes y se creía que los muertos venían a comer con los vivos. Era la fiesta que marcaba ese ciclo sin fin de la necesidad de muerte para que algo nazca. En un intento por cristianizar la fiesta, el papa Gregorio III cambia el día de Todos los Santos hacia estas fechas. De ahí que por ejemplo, hasta el día de hoy el día de la Toussaint (todos los santos) sea en Francia un día feriado donde hay vacaciones escolares.

Vayamos a nuestro Día de Muertos. Desde los aztecas contamos con toda una cosmogonía acerca del más allá, de los muertos, del Mictlán. La celebración de este día es resultado del sincretismo, pero lo que debemos tomar en cuenta es que las tradiciones no son permanentes, ni inmutables, ni rígidas; se transforman de acuerdo con las condiciones de la época, a las reapropiaciones. Un ejemplo: un purista se vería escandalizado del caso de mi amiga Rufina, una artesana oaxaqueña quien con su familia organiza una fiesta de Día de Muertos apoteósica en su casa de Oaxaca: es tal el acontecimiento, que desde marzo estaba fabricando las ollas que estrenaría para cocinar los manjares para sus difuntos. Rufina es de una familia de artesanos de muchas generaciones y ella, a fuerza de prueba y error, así como de una inquietud por aprender nuevas técnicas, hace objetos de barro sin restos de plomo, con diseños limpios mexicanos , pero con líneas de inspiración de las tendencias de diseño escandinavo actual. ¿Podemos culpar a Rufina por tratar de innovar y embellecer sus piezas por no hacerse como siempre se hacen?

Ahora, tampoco es que nuestro Día de Muertos esté exento de mercantilismo. Desde hace muchos años es una fiesta que se explota turísticamente, donde se hacen escenificaciones (más que muestras) del folklor. En la Colonia, tenía un carácter mercantilista, pues se le tenía que pagar con comida, alcohol y dinero al cura para que dedicara la misa. Luego tenemos que una película hollywoodense inspiró a nuestras autoridades para tener el desfile de Día de Muertos. A mí me encantaría que James Bond hiciera películas sobre el hambre, la alimentación, y demás problemas, a ver si inspira a hacer algo, digo yo. Pero espere, me retracto de lo anterior, no vaya a ser que en una de esas, se inspiren y prohíban las calaveritas de azúcar, con eso de que es el nuevo enemigo público.

Mire, al final, no hay culturas ni rituales legítimos o ilegítimos, tampoco caigamos en falsos tradicionalismos puritanos pretendiendo creer que somos los únicos y originales no contaminados por el mercantilismo o expresiones culturales ancladas históricamente. Nuestra fiesta de Día de Muertos tiene un significado hermosísimo: el compartir la comida con los muertos, nos recuerda nuestra condición no permanente en este mundo, además de la importancia de dejar morir para que algo nuevo renazca.

 

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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