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Opinión

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De la civilización al salvajismo

Hablemos de banco central y reparemos la fotografía en la cual aparecen Mancera, Carstens y Achar.

Me gustaría saber por qué el Banco de México se arroga el pomposo título de instituto central. Institución, sí que la es. Central también, como entidad rectora de los sistemas financiero y bancario.

Con mayor propiedad cabría tal nombre para el Archivo General de la Nación, pues guarda los documentos que dan sentido a lo que se llama México, o bien al organismo, habría que crearlo, que en un sitio determinado hiciera reposar las cenizas de los héroes que nos han dado patria, o a la Rotonda de los Hombres y Mujeres Ilustres, o a la Basílica de Guadalupe.

Hablemos, pues, del Banco Central y reparemos en la fotografía, en la cual aparecen, de izquierda a derecha, Miguel Mancera, Agustín Carstens y Alfredo Achar. Las calenturientas mentes de nuestros agudos analistas captan en un periquete el significado de la instantánea, dado que don Agustín manifestó hace meses estar a las órdenes del Presidente de la República: es el servilismo del banco central al gobierno, por un lado, y al capitalismo rampante, representado por don Alfredo.

Se otorga el premio Woodrow Wilson al exdirector general y exgobernador del Banco de México por servicio público, primer mexicano al que se otorga la presea en esta categoría, y a dicho empresario por su labor con responsabilidad social.

Mancera promovió la autonomía o independencia del Banco, lograda en 1993.

Significa que Banxico se dedica en cuerpo y alma a la tarea fundamental de combatir la inflación por medio del manejo de la política monetaria, lo cual requiere, en grado extremo, sensibilidad, delicadeza, experiencia, profesionalismo y detallada y pertinente información.

Quedan atrás, salvo que ocurriera una crisis política catastrófica, los tiempos, años setenta y parte de los 80, en que autoritariamente se obligó al Banco a financiar déficit fiscales que condujeron a inflación, estancamiento y graves problemas de balanza de pagos.

Aberrantes las voces que se elevan para que el Banco de México incluya en sus objetivos la promoción del crecimiento y la del empleo, contradictorios con el de mantener dominada la inflación, fenómeno que es la enfermedad económica más dañina para la sociedad, es como un cáncer agudo, hace metástasis. Sería volver al salvajismo.

parroyo@eleconomista.com.mx

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