El padrón electoral y su credencial para votar con fotografía son columna vertebral de las elecciones en México. Sería imposible garantizar el principio de una persona es igual a un solo voto si no tuviéramos estos instrumentos en manos de un órgano autónomo que no depende orgánicamente de los gobiernos en turno ni de ninguno de los actores políticos que compiten por el poder. Eso ha dado condiciones de certeza, un listado de votantes siempre depurado e imparcial, sin sesgo, sin personas repetidas, sin muertos votando. Votan solo quienes deben votar, solo quienes tienen su credencial vigente, solo quienes están en los listados del INE, nadie más y nadie menos.

La solidez de nuestra credencial ha evolucionado y robustecido candados de confianza progresivamente, es garantía para el voto libre e individual, pero permite también el derecho a la identidad a nivel nacional, porque es un instrumento reconocido por todas las instituciones públicas y privadas de México.

El INE tiene la base de datos más depurada, actualizada y confiable sobre personas mayores de edad del Estado Mexicano y sería un grave error que los listados de votantes fueran a parar a los gobiernos en turno en lugar de permanecer en un órgano autónomo como hasta ahora. Con corte al 13 de diciembre, tenemos ya una lista nominal de electores que alcanza ya los 90.1 millones.

La credencial es el instrumento que permite ejercer derechos políticos y es también el que garantiza el derecho a la identidad, porque desde 1990 que se creó el otrora IFE, se levantó un padrón base cero y de ahí parte la confianza de que no votarían más muertos ni se rasurarían registros por torpeza o dolo. Fue un ejercicio censal que desde entonces mantiene controles para depurar los registros de forma permanente y verificable.

Desde 1992 el INE había emitido cinco modelos de credencial de elector, empezamos ese año con la credencial con fotografía polaroid; luego, a partir de octubre de 2001, se incorporó la fotografía digital con la firma y huella dactilar. En septiembre de 2008 se incorporó la “fotografía fantasma” y el dato de la CURP integrado. Esa fue la primera generación de credenciales con vigencia por diez años y, en noviembre de 2013, la fotografía pasó al lado izquierdo para cumplir con estándares internacionales. Incluimos entonces la impresión del fondo de cada mica en alta resolución, tal y como ocurre con los billetes, donde se agregan tintas ópticamente variables para darle seguridad de no falsificación. A partir de julio de 2014, vinieron nuevos ajustes, fue el año en que pasamos de ser IFE a ser INE y entonces el nuevo modelo de credencial, que hoy ha tenido un nuevo ajuste con la generación de credenciales con Código QR cifrado. 

Desde enero de 2014, el Instituto aprobó que fuera la ciudadanía quien decidiera si los datos de calle, número exterior e interior de su domicilio permanecieran visibles o no en la Credencial, en 2016, iniciamos con una demanda añeja que era credencializar en el extranjero y no obligar a migrantes a cruzar la frontera solo para actualizar su mica. En diciembre de 2018 el INE aprobó un nuevo modelo de la credencial, el cual considera los avances tecnológicos para documentos de identidad con alta seguridad. Iniciado 2020, se consultará al ciudadano si desea que el dato de “SEXO” aparezca impreso en su credencial. Esto es parte de la vocación del INE por atender demandas vinculadas a los derechos humanos, al respeto a la libertad sexual y a la protección de datos personales.

Me parece que hoy confirmamos que el padrón y le credencial son instrumentos consolidados para el derecho a voto y para el derecho a la identidad y sería sin duda un grave error revivir el añejo debate de duplicar gastos y esfuerzos o poner a competir una cédula de identidad adicional a cargo de gobiernos que tardaría años en acercarse a los méritos y seguridad, a las medidas de protección de datos y respeto a derechos humanos que hemos conseguido con la credencial para votar. La credencial y los listados de electores deben fortalecerse, no minarse ni duplicarse.

Marco Antonio Baños

Consejero del Instituto Nacional Electoral

Columna invitada

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