Cásanse Domitila y Carmelo. El civil tiene lugar en el salón más grande del hotel más lujoso, adornado con profusión de flores y luces, parece bosque encantado. Asombroso, espectacular, insólito, nunca visto son los calificativos que exclaman, pasmados, mil comensales, la crema y nata de la cuarta transformación, 100 mesas de a 10, al centro de cada una se yergue un castillo de puro mazapán y a su alrededor tres pomos, uno de Martell Cordon Bleu, otro de Johnnie Walker King George V y el tercero de Dom Perignon Plénitude. Domi, acompañada por su hija quinceañera, luce sensacional vestido blanco, obra de prestigioso diseñador, tul, encaje, yemas en tercera dimensión, profundo escote, mangas estilo tattoo, tocado de pedrería; si por uno de medio pelo para 15 abriles se dejan pedir 20,000, imagínense lo que costó, es uno de los tres que cubrieron a la desposada durante la jornada nupcial. Sastre famoso vistió al feliz galán, que luce arbolito alusivo, de bulto, en la solapa izquierda. Orquestaza, globos, confeti, cánticos, mariachis, títeres gigantes. Banquete cuyo menú haría revolcar a don Porfirio en su tumba, el que ofreció en las Fiestas del Centenario palidecen junto a éste, obra de renombrado chef internacional. Las damas de largo y los caballeros, salvo contadas excepciones, de rigoroso esmoquin. Vaya, ni Carlos Slim, a quien no le interesa apantallar a gente con afrentosas —a los de abajo— ostentaciones. En la vasta iglesia miles de rosas rojas y doce majestuosos candiles franceses importados para la ocasión, la voz del cantautor de moda y las del Kansas City Chorale. Momento trepidante para los oyentes es el brevísimo fervorín pronunciado por el padre Tarsicio C. C., de los clérigos calomelanos, comunidad religiosa que, como bien se sabe, se especializa en atender espiritualmente a los ricos. Nos complace transcribirlo.

“Amados hijos e hijas, en este nuestro malhadado país, escarnio de neoliberales, azote de la minúscula mafia en el poder, clamemos, ¡clamemos hermanos!: ¡contra el grupito rapaz que ha empobrecido al pueblo, de suyo ya enflaquecido por obra y gracia de realistas, imperialistas, porfiristas y prianofilistas! El pueblo sabio ha aguantado un piano. ¡Basta de blanquitos fifís, basta de tecnócratas pirrurris, basta de reaccionarios ñoños, basta de señoritingos matraqueros, basta de chupasangres canallines! ¿Hasta cuándo, señor, hasta cuándo? Pueblo, ¡despierta! Roguemos al señor. Consultemos al señor e imploremos su misericordia. Amén.

PabloAveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.