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Opinión

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Coaliciones y sistemas de gobierno

Un desplegado sobre las coaliciones políticas y la modificación del sistema de gobierno puso a revolotear a la clase política y a los medios de comunicación, dejando en claro que cada quien entendió lo que le convenía o de plano opinaron por meterse en la discusión, evidenciando, más que su desconocimiento, la complejidad del tema. Y no es para menos, una modificación en el sistema de gobierno o una coalición política definida abiertamente tendría consecuencias fundamentales en el devenir nacional, no necesariamente venturosas por cierto.

Tenemos la tendencia a pensar que cualquier cambio es bueno. Sin más fundamento llegamos a concluir que la reforma judicial y los juicios orales serán la panacea –cuando algunos países están hartos de la inestabilidad jurídica que provocan esos procedimientos legales– y que en cuanto entre en vigor la reforma en materia de seguridad pública, terminará con la delincuencia organizada, mal organizada y desorganizada para nunca jamás.

Las coaliciones políticas pueden ser electorales para un proyecto determinado y coaliciones de gobierno, según la clasificación propuesta por Tania de la Paz en el libro Las Coaliciones de Gobierno.

En opinión de Jorge Carpizo, a quien seguimos en su postura -expuesta en la presentación del libro mencionado- para arribar a las coaliciones no se requiere una reforma legal. Tampoco creo que se requiera de un gran llamado a la nación, ni que su sola mención provoque las ocho columnas.

Las coaliciones de cualquier tipo son naturales a los sistemas donde concurren diversos partidos políticos. En nuestro país hemos experimentado coaliciones electorales que resultan en verdaderas coaliciones de gobierno con un partido predominante.

Surgen por la voluntad política de los actores que previamente fueron en coalición a una elección con el ánimo de vencer a un partido. Sin embargo, en nuestra experiencia nacional, la coalición electoral, hasta ahora, ha resultado en coalición de gobierno y no en gobierno de coalición y ése parece ser el reto. Pero para ello, insistimos, no necesitamos de ninguna gran reforma legal.

Otro tema relacionado es la reforma al sistema de gobierno. Parece que cobra fuerza la idea de que un régimen parlamentario, en sustitución de uno presidencial, es la fórmula contra la inoperancia política que experimentamos por momentos y la solución a todos nuestros males, producto del galimatías que es la psique de los naturales de estas tierras.

Siguiendo de nuevo al doctor Carpizo, para cambiar nuestro sistema de gobierno se requiere mucho más que reformar artículos de la Constitución y un sistema parlamentario no garantiza un mejor gobierno. El mejor sistema de gobierno es el apropiado para cada tiempo y circunstancia. No hay sistemas de gobierno mejores, depende de quienes los ejercen y de las condiciones que permiten que fracasen o que resulten.

Detrás de todo este entramado parece estar la aspiración de algunos de ser jefe de gabinete ante la imposibilidad de ganar la Presidencia en las próximas elecciones federales. Pero eso mejor ni lo digo porque es sólo una idea que me vino en una noche de insomnio.

Lo fundamental, en todo caso, es analizar con objetividad si realmente es conveniente provocar un cambio en nuestro sistema de gobierno y si tener un Jefe de Estado y otro de gobierno, pudiendo ser de partidos diferentes, sería la solución para la dificultad de gobernar un país descoyuntado.

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