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Caudillos
Propongo el siguiente criterio para identificar al verdadero caudillo: brilla más en la medida en que?hace que sus subordinados maduren.
Miguel Ángel Cortés, político español, escribe en El País (4 de junio): Vivimos una época de liderazgos débiles y de discursos banales . Que nos lo digan a nosotros, con la experiencia fresca de la tediosa sarta de tonterías dichas en la reciente campaña electoral. Nada nuevo. Abundan los testimonios. Por ejemplo, Townsend (Up the Organization, 1970) dijo de su país, Estados Unidos: Algo sucede aquí: no se producen líderes como se debería .
El significado de las palabras es importante. Líder viene del inglés: individuo a quien un grupo reconoce como jefe o guía. Prefiero caudillo, voz más nuestra por su origen latino: cabeza, capitán, guía, dirige, dispone, manda, gobierna, representa valor, prudencia y pericia. Se parece a adalid, del árabe: el que va adelante, el que muestra el camino. Cacique, término mexicano de origen caribeño, tiene signo negativo, influencia excesiva en los asuntos públicos: es el abusivo, déspota, tiranuelo o mandón; es el autócrata en potencia o en acto. Estremecedores casos traducidos trágicamente en países de Europa y Asia apenas ayer. Nuestro don Porfirio es padre benévolo en comparación con los genocidas del siglo XX.
Echémosle un ojo a los gajos de la sociedad mexicana. Es un desierto, un páramo. ¿Dónde están los caudillos? Políticos, gobernantes, jueces, congresistas, sindicalistas, Iniciativa Privada, empresa, instituciones intermedias y autónomas, iglesias, universitarios, intelectuales... Puede haber famosos, mas ningún caudillo. El panorama es desolador.
Tenemos, eso sí, un muy conocido dictadorzuelo en potencia, ¡aguas! todos conocemos su nombre: con ciega ambición de poder, arbitrario, dogmático y obcecado. Dispone a su capricho de las voluntades de sus adeptos, arengas y brazos alzados, caciquismo arcaico con retórica vacía, masa ignorante convencida de que todo se obtiene por valimiento del cabecilla mangoneador. Mismo que se apoya, según Carlos Fuentes, en una minoría intolerante, que es la clave para llegar al poder, hay que privilegiar los prejuicios de los resentidos . Tal minoría también es perseverante: no pierde la esperanza de merecer una parte del botín, ya nos toca.
Propongo el siguiente criterio para identificar al verdadero caudillo en cualquiera de los sectores mencionados: brilla más en la medida en que hace que sus subordinados maduren y alumbren con luz propia. Y mejor para él si lo superan. Contra lo acostumbrado en nuestro medio: el pensar chiquito de los políticos, que no ven más allá de sus narices, por su ensimismamiento, por su vanidad.
paveleyra@eleconomista.com.mx