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Cambio de régimen con cambio de modelo económico
El pasado 1 de julio se decidió la posibilidad de implementar un cambio de régimen político con el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador. En buena medida, este triunfo obedece a la ola antisistémica que recorre el mundo democrático y en honor a la verdad, también al hartazgo colectivo por la corrupción e impunidad desmedida y a los insostenibles niveles de inseguridad que tenemos. Al mismo tiempo, la mitad de la población y del territorio no han alcanzado los niveles de desarrollo que la otra parte ya está logrando.
Bajo esta lógica, el país se prepara para un cambio de régimen que buscará disminuir la corrupción e inseguridad y apoyar a los que menos tienen sin descuidar a los que sostienen a la economía en su conjunto. No obstante, un cambio de régimen político no es necesariamente un cambio de modelo económico de desarrollo, lo puede incluir o no, pero no es lo mismo. El último cambio de régimen trascendente al que asistimos fue el de la Revolución, en donde se sustituyó un régimen dictatorial de una persona por una dictadura de partido con una transición hasta el año 2000.
Desde la Revolución y hasta ahora, bajo un mismo régimen para poder expresarlo didácticamente, se han implementado siete modelos económicos distintos que no han producido resultados satisfactorios. A la visión económica de la Revolución (suprimir las haciendas y crear los ejidos), siguió el reparto agrario y el impulso al corporativismo con profundas y relevantes ideas sociales por parte del presidente Lázaro Cárdenas, para luego ser suprimidas por la lógica de la industrialización de Miguel Alemán. Al finalizar el año 1952, ya habíamos experimentado con tres modelos para comenzar con otro, el Desarrollo Estabilizador, que luego de 12 años de resultados mixtos (altos niveles de crecimiento con alta inflación), se cambió por el quinto llamado Dependentista con Echeverría, que luego de generar deuda fue cambiado radicalmente por la sustitución de importaciones de López Portillo que terminó con más deuda.
Finalmente en 82, Miguel de la Madrid comenzó el actual modelo económico de apertura comercial y adelgazamiento del Estado. Los últimos seis presidentes han tratado de llevarlo de forma más o menos consistente sin que en 36 años se haya llegado a ningún lado comparado con países asiáticos, por ejemplo. Hemos tenido una enorme cantidad de privatizaciones, disciplina monetaria y cierta disciplina fiscal; sin embargo, la economía sigue muy regulada y los monopolios ahí están. En 100 años no hemos sido capaces de establecer un modelo económico de desarrollo que perdure y que permita superar la debilidad económica estructural y la mediocridad crónica de 2.5% de crecimiento que tiene a la mitad de la población fuera del propio desarrollo.
El dilema está enfrente. El determinar si la sociedad quiere incluir dentro del cambio de régimen un nuevo cambio de modelo económico de desarrollo es algo que se debe debatir. Hay que tener en cuenta que todos los cambios de modelo económico han sido muy caros, han causado deuda y le han costado a todos. Inevitablemente vamos a entrar a la discusión económica que incluya por igual, al mexicano olvidado y al mexicano del progreso. El gobierno del presidente López Obrador deberá encabezar el debate sobre el modelo económico de desarrollo y determinar si deberá cambiarlo de fondo, ajustarlo o hacerle cambios cosméticos.

