Terrible asesinato, uno más, ahora en Tamaulipas. Creo en la sinceridad del Presidente de México cuando por este golpe contra el sistema , como se da en llamarlo, léase contra el Estado, contra la nación, pide unión y diálogo.

Voces que responden afirmativamente, con la misma buena voluntad.

Creamos en ella. Y voces disonantes. Es obvio, la de don Andrés Manuel antes que ninguna, las oportunidades las pintan calvas. Y una no tan obvia, sorpresiva por violenta e hiriente: la del Partido Revolucionario Institucional (PRI), manifestada por una dizque encolerizada dirigenta, buena actriz, expresión oportunista, artera, facciosa, revoltosa y, francamente, antipatriótica.

A estas alturas, México libra el juego con grandes dificultades. Presentes, pero atrás, los jerarcas del partido que nos enseñó a pecar, gobernadores y altos parlamentarios tricolores, enlutados, adustos, como en velorio, aunque algunos no estén de acuerdo, se suman a la cargada de la ahora prepotente bandería.

El Instituto Federal Electoral (IFE) o algún organismo debería exigir que cambien los tintes del embaucador emblema, negro y morado no vendrían mal.

Un día después se suma a la crítica alevosa, arrogante, exultante en su vanidad, El Niño del Copete, por ahora El Elegido, qué virtudes tendrá para ello, vaya usted a saberlo. Nomás falta que acusen al gobierno actual de urdir el homicidio.

Y el teatro, quién lo duda, farsa (enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar), sainete (pieza dramática jocosa en un acto), armado por los correligionarios del hermanito bien vivo a costillas del hermano fallecido. Qué falta de respeto y de sensibilidad. Hasta cuándo nosotros hemos de entender y soportar tan torpes añagazas de los que mantienen la urdimbre de corrupción e intereses creados.

La cosa es seria. El horno no está para bollos. ¿Cómo nos miran de fuera los que reparan en nosotros? Así concluye un artículo editorial en El País (30-VI):

…si no hay corrección de rumbo nos hallaremos frente a una tragedia no sólo mexicana, sino por extensión latinoamericana… Es algo que hoy no se puede permitir el mundo de habla española .

La cuestión es: ¿cuál corrección?, ¿cuál es posible con la horda de políticos que tenemos? El caso no es que la caballada esté flaca. No hay caballada en absoluto.

Unión y diálogo, sí. Matar y enterrar a las manipulaciones electoreras.

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