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Opinión

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Avión presidencial: Baby Boomer descubre la Lotería Nacional

Pamela Cerdeira

Voy a vender el avión, porque representa a los gobiernos faraónicos que abusaban del pueblo pobre. Ah, ¿nadie lo quiere comprar? ¿Ni Trump? ¿Él ya tiene uno? ¿Dos? Pues entonces lo rifamos. No te rías, es en serio. Vamos a rifar el avión en cachitos de 500 pesos. ¿En dónde lo va a guardar quien se lo gane? Pues en Santa Lucía, ahí cabe, les hacemos un paquete que incluya un año de mantenimiento. Imagínate, te ganas el avión y lo vendes. Es un negoción. ¿Cómo, no lo pueden vender? Ah, claro, es que nosotros ya intentamos eso y tampoco pudimos. ¿Entonces no lo puedo rifar? Ah, que no es nuestro, se debe. Ya sé, les voy a decir que no quiero que quien se gane el avión enloquezca con tanto dinero, porque el dinero es la mamá y el papá del diablo, y no quiero destrozar una familia, y mejor dividimos el premio entre varios. ¿Qué dices? ¿No podemos dividir el avión? No, qué va, les vamos dar dinero, el dinero que se gane de la rifa. Pero ¿qué dices? Preguntas qué vamos a hacer con el avión, nada, ponerlo en la foto de los cachitos. Cuando nos pregunten qué hicimos con el avión diremos que ya lo rifamos, todos estarán de testigos.

Algunos datos

La Lotería Nacional es un órgano descentralizado cuyo objetivo es dotar de recursos al gobierno federal para programas de asistencia pública.

En el Sorteo Gordo de Navidad participan 80,000 números en cuatro series, todavía muy lejos de los 6 millones de boletos para la rifa que organiza el presidente. En el mismo sorteo se ofrecen 526 premios y 16,196 reintegros, en el de AMLO son 100 premios de 20 millones de pesos. Es decir, se antoja complicado que se vendan todos los cachitos y la posibilidad de ganar es mucho menor.

El avión presidencial no sólo nos sigue saliendo caro, voluntariamente aportaremos más dinero para seguirlo manteniendo. El procedimiento propuesto para los recursos de los premios es opaco y no proviene de regulación alguna. Además de que el espectáculo ha servido para cubrir la incapacidad de cumplir con una de las promesas más simbólicas de este gobierno.

Tan indignante es que en un país de tantos pobres se desperdicien recursos, como que en un país con tantos problemas la Presidencia se dedique a armar espectáculos.

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