El secretario de Estado, Mike Pompeo, ha llamado a WikiLeaks un “servicio de inteligencia hostil que no estatal”.

Aparentemente, Julian Assange está de acuerdo. El Departamento de Justicia de Estados Unidos señala que Assange le dijo en su momento a la exanalista de Inteligencia del ejército, Chelsea Manning, que WikiLeaks se había descrito originalmente como una “agencia de inteligencia” para la gente.

Por fin, el jefe de esa agencia de inteligencia enemiga se enfrenta a una posible condena de 175 años de cárcel por haber robado secretos estadounidenses.

El daño que ha hecho Assange es difícil de cuantificar. En el 2010, detonó lo que él mismo llamó su “dispositivo termonuclear”, liberando un cuarto de millón de cables diplomáticos clasificados del Departamento de Estado.

Según la acusación , esos cables “incluían nombres de personas en todo el mundo que proporcionaron información al gobierno de los Estados Unidos en circunstancias en las que razonablemente podían esperar que sus identidades se mantuvieran en el anonimato. Estas fuentes incluían a periodistas, líderes religiosos, defensores de los derechos humanos y disidentes políticos que vivían en regímenes represivos por lo que decidieron comunicar a EU los abusos cometidos por sus propios gobiernos”.

La acusación cita ejemplos específicos de fuentes descubiertas por WikiLeaks en China, Irán, Irak y Siria. Adicionalmente, la decisión de Assange de publicar 90,000 informes relacionados con la guerra en Afganistán provocó la revelación de las identidades de al menos 100 afganos que informaban sobre los talibanes.

La demanda en contra de Assange cita una declaración que hizo un líder talibán en una entrevista al diario The New York Times: “Estamos estudiando el informe (que reveló Wikileaks). Conocíamos la existencia de un grupo de espías que trabajaban para los Estados Unidos. Actualmente, investigaremos a través de nuestro propio servicio secreto si las personas mencionadas (en el informe) son realmente espías que trabajan para los Estados Unidos. De confirmarlo, sabremos cómo castigarlos”.

Los documentos clasificados robados de Assange no sólo llegaron a los talibanes; la acusación señala que también se encontraron copias de WikiLeaks en el complejo de Osama bin Laden en Abbottabad, Pakistán.

De hecho, las revelaciones de Assange casi arruinaron la operación de Laden. Sólo una semana antes de la redada, Assange lanzó sus archivos Gitmo “ que contenían información delicada, pues pudo haberle advertido a Osama bin Laden que la CIA se estaba acercando a él.

A algunos les preocupa que la nueva acusación contra Assange ayude a establecer un precedente para perseguir a los periodistas de investigación que publican información clasificada. Pero como escribí en el 2010, a diferencia de “empresas noticiosas de renombre, Assange no le dio al gobierno de los Estados Unidos la oportunidad de revisar la información clasificada que WikiLeaks planeaba divulgar para que pudieran presentar objeciones en defensa de la seguridad nacional”.

Por lo tanto, los periodistas responsables no tienen nada que temer. En cualquier caso, Assange no es periodista. Él es un espía.

*El autor del texto fue escritor de discursos de George W. Bush.