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Finanzas Personales

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¿Por qué necesitas una filosofía de inversión? (Parte 2 de 2)

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Joan Lanzagorta | Patrimonio

Joan Lanzagorta

En la primera parte hablamos de tu objetivo y tu filosofía de inversión. Ya sabes por qué inviertes, qué principios y reglas vas a seguir y cómo te vas a comportar cuando las cosas se pongan difíciles y los mercados te pongan a prueba.

Hoy quiero hablar sobre cómo conviertes esa filosofía en estrategia.

En realidad, una estrategia de inversión es simplemente traducir tu filosofía a números y decisiones especificas.

Por ejemplo: si crees que los mercados financieros son en general eficientes y es muy difícil ganarles de manera consistente (como demuestran las estadísticas), tu estrategia probablemente se inclinará hacia ETFs indexados de muy bajo costo.

Pero si eres inquieto y piensas que puedes identificar oportunidades donde otros no las ven, tal vez preferirás una gestión más activa.

Lo importante es que tu estrategia refleje tus convicciones. No se trata de copiar lo que funciona para otros, sino de encontrar lo que funciona para ti.

Rick Ferri, asesor norteamericano de inversiones, aprendió esto a la fuerza. Al principio recomendaba estrategias sin asegurarse de que sus clientes entendieran la filosofía detrás. Mientras los mercados subían, todo iba bien. Pero cuando llegaban las caídas, muchos vendían presa del pánico. Aprendió que sin convicción, sin filosofía de inversión, ninguna estrategia aguanta.

Esto lleva al primer paso de tu estrategia: la asignación de activos.

En otras ocasiones he hablado de que en realidad sólo hay tres grandes clases de activos o “maneras” de invertir tu dinero: prestarle a alguien más (instrumentos de deuda), poner un negocio o hacerte socio de empresas exitosas (acciones, instrumentos de capital) o comprar activos que se pueden apreciar (metales, obras de arte, bitcoin, entre otros).

La asignación de activos no es más que decidir qué porcentaje de tu dinero asignas a cada clase. Pero, aunque no lo creas, es lo más importante. Estudios han demostrado que hasta el 90% de los rendimientos de un portafolio de inversión a largo plazo vienen de esta decisión, no de elegir el fondo perfecto o la acción ganadora.

Hoy en día hay portafolios construidos por muchísimos grandes inversionistas, algunos de los cuales incluso han investigado para tratar de construir la asignación de activos más eficiente posible. No tienes que inventar el hilo negro: puedes inspirarte en ellos.

Ray Dalio, por ejemplo, tiene una idea interesante: los portafolios “All Weather” que resistan diferentes tipos de crisis económicas a largo plazo. Es interesante porque se enfoca en minimizar la volatilidad, sin sacrificar demasiado el potencial de rendimiento. No se trata de adivinar el futuro, sino de prepararte para que tu dinero sobreviva cualquier escenario.

Ahora bien, tener filosofía sólida y desarrollar una estrategia a partir de ella es importante, pero la disciplina lo es todo. Warren Buffett lo resume perfecto: "el mercado es un mecanismo para transferir dinero de los impacientes a los pacientes".

Los mercados pondrán a prueba tu paciencia constantemente. Cuando todo sube, la tentación es comprar más. La psicología de las inversiones nos hace desear poseer el instrumento que ha subido, que ha dejado más ganancias (y por lo tanto está caro). Por el contrario, cuando todo cae, el instinto es vender. Esa es exactamente la trampa en la que cae la enorme mayoría de la gente.

Por eso, los estudios de comportamiento muestran algo claro: el inversionista individual promedio obtiene un rendimiento mucho menor al mercado (y a los índices mismos). ¿La razón? Compra caro y vende barato, justo al revés de lo que debería hacer.

La buena noticia es que tener disciplina puede ser muy sencillo:

  1. Cada vez que recibes un ingreso, una parte es para ti. Cada quincena o mes invierte añade a tu portafolio de inversión, sin importar si los mercados han subido o bajado. Nunca intentes adivinar el “momento” perfecto, porque no existe. Hoy puede parecer un entorno ideal, mañana se puede declarar una guerra o puede aparecer una pandemia. Nadie lo sabe.
  2. Haz un rebalanceo anual de tu portafolio. Si definiste una asignación de activos de 60% acciones y 40% instrumentos de deuda, como cada clase de activo se comporta de manera diferente (unos suben más que otros), esos porcentajes cambiarán. Tu portafolio ya no será el que definiste, tu riesgo tampoco. Por eso es importante el rebalanceo, para volver a los porcentajes originales.
  3. Ignora el ruido diario. No revises tu portafolio todos los días: enfócate en ahorrar e invertir consistentemente, en ejecutar tu estrategia.

El éxito en las inversiones se reduce a tener claro tu objetivo (por qué inviertes), tener una filosofía sólida y una estrategia (cómo lo haces, cómo tomas decisiones y cómo controlas tu riesgo) y una disciplina. Si alguna de estas falla, todo se puede venir abajo. Nunca lo olvides.

Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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