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El reto de mejorar la educación con base en datos

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Raúl Martínez Solares | Economía conductual

Raúl Martínez Solares

“Cuanto más leas, más cosas sabrás, más aprenderás, a más lugares irás”. Dr. Seuss, Escritor de libros para niños y caricaturista estadounidense.

Recientemente, la OCDE publicó el reporte “Empowering schools’ improvement Insights from PISA for Schools”, un documento que presenta proyectos de mejora escolar a partir de los datos obtenidos en la prueba PISA.

El documento parte de una premisa relativamente simple: las evaluaciones internacionales no son un fin en sí mismas, sino una herramienta para que las escuelas comprendan mejor dónde están y qué deben cambiar para mejorar. El análisis, basado en experiencias de instituciones educativas que participaron en PISA for Schools, muestra que los datos pueden convertirse en fuentes de mejora, pero principalmente cuando se usan para orientar decisiones pedagógicas, fortalecer la gestión escolar y atender directamente las brechas de equidad que afectan negativamente a los sistemas educativos.

El estudio identifica un patrón: las escuelas que logran traducir resultados en mejoras no necesariamente son las que parten de mejores condiciones académicas o materiales, sino aquellas que construyen una cultura interna donde el cambio no se percibe como una amenaza y se permite tomar atajos para guiar la mejora. Factores como la comparación con otras referencias internacionales, la revisión de los resultados con docentes y directivos e integrar dimensiones frecuentemente no analizadas, como el bienestar y el clima escolar, son elementos que aparecen en los casos exitosos analizados. Las mejoras no surgen de una reforma espectacular y compleja, sino de ajustes continuos, construidos a partir de pequeñas decisiones informadas y basadas en datos, que se sostienen en el tiempo.

Otro hallazgo es que la autonomía escolar solo funciona cuando va acompañada de capacidades reales. No basta con entregar información a las escuelas si no se les dota de formación y capacidad para interpretarla, de liderazgos directivos capaces de traducirla en acción, y de recursos institucionales (primordialmente tiempo) para reflexionar sobre lo que ocurre y afecta las aulas. En caso contrario, los resultados se acumulan solo como estadísticas, a las que no se les da un uso real y que, por ello, pierden sentido pedagógico. Medir sin desarrollar la capacidad de respuesta genera frustración.

En los últimos años se ha discutido mucho sobre si México seguiría participando en la prueba PISA. Con la información disponible en México, aplicó la prueba en el primer semestre de 2025 y sus resultados estarán disponibles a finales de este año. De acuerdo con este estudio, tenemos que pasar de pensar que lo importante es solamente participar a entender qué podemos y debemos hacer con la información que se genere.

Desde una perspectiva de economía conductual, el valor de PISA no está en el ranking, sino en su capacidad para proporcionarnos información que nos permita modelar incentivos y la conversación sobre los cambios requeridos. Cuando una escuela observa que sus estudiantes están por debajo del promedio en comprensión lectora o en matemáticas, el dato por sí solo no cambia nada. El cambio se provoca cuando, a partir de la información, se genera un compromiso colectivo que redefine las prioridades y permite abandonar las inercias. En México, como en casi todo el mundo, los sistemas educativos tienden a proteger sus rutinas e inercias, pero la evidencia muestra que pequeños choques de realidad permiten generar acción.

Para México, el mayor reto no está en el promedio nacional, sino en la desigualdad de resultados y en el efecto de factores como el origen socioeconómico. Las escuelas que ponen la equidad como prioridad, con apoyos focalizados y un seguimiento estrecho de los alumnos, logran avances más sostenidos. Tiene el reto de que atendiendo a las escuelas que atienden a los sectores de menor nivel de ingreso el impacto potencial es sensiblemente mayor tanto por el tamaño de esa población como por el efecto de cambio en la perspectiva personal y laboral

Las escuelas necesitan menos cargas burocráticas y más soporte técnico, así como formación docente, mentoría directiva y mecanismos de seguimiento de las metas de aprendizaje.

El sector privado puede desempeñar un papel más relevante del que suele reconocerse. Participante en la educación que aporte capacidades y habilidades, así como habilidades blandas.

El estudio va más allá de la discusión política. Evaluar no mejora la educación, pero tampoco lo hace negarse a evaluar.

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Raúl Martínez Solares

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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