Así como los tiempos de Hitler fueron de pesadilla y muerte, los de Trump serán recordados como de xenofobia y proteccionismo. No importa si a esa administración se le frustra al final su intención de acabar con el TLCAN. Las intenciones proteccionistas estarán ahí permanentemente presentes y se aprovechará cualquier oportunidad que aflore para impedir el comercio libre. Un ejemplo se dio apenas con la amenaza del Departamento de Comercio de Estados Unidos de aplicar a las exportaciones de mexicanas de azúcar a ese país derechos compensatorios y antidumping de hasta 44 y 42% respectivamente . ¿Por qué?

El trasfondo del problema ni siquiera fue tocado en las notas periodísticas en que se dio a conocer la amenaza del secretario Wilbur Ross. El punto es que los productores de azúcar de ese país carecen de ventajas para competir contra los productores de otros países, entre ellos México. De ahí la decisión de extenderles protección mediante el recurso de imponer cuotas a las importaciones del dulce. La cuota anual la fija unilateralmente el Departamento de Comercio, y de ésta al menos 47 por ciento debe cubrirse con azúcar en bruto.

La amenaza de las tarifas compensatorias y antidumping estaba simplemente en suspensión desde el año 2000 y ahora, por razones no del todo claras, la administración Trump les ha dado nueva vida con la incertidumbre y los posibles daños para los productores de México. Lo peor de todo es que la causa de la resurrección de esa medida ni siquiera atañe a los productores nacionales. El origen del problema es que las llamadas melt houses las empresas que convierten el azúcar granulado en líquido (para ser usado en bebidas, helados y productos horneados) han estado comprando el endulzante mexicano sin refinar en cantidades que aparentemente están afectando a las plantas refinadores locales que operan a costos elevados.

Pero no hay acción proteccionista sin posible represalia. Y se dice esto en razón de que resulta que México se ha convertido en un importador muy activo de un edulcorante que se produce allende al Bravo y que se denomina fructosa. El hecho es que en el ciclo 2015–2016, México importó de ese país 967,000 toneladas de fructosa. Así que ahí es donde se encuentra el filón: en la posibilidad de aplicar igual tratamiento proteccionista a esas importaciones, siempre en detrimento del bienestar del consumidor.

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