La compañía de la manzana –no la extinta discográfica del cuarteto de Liverpool– anunció la muerte de iTunes, el reproductor de música que llegó a transformar el ecosistema digital del consumo de música en el siglo XXI. El anuncio realizado esta semana durante la conferencia de desarrolladores de Apple, en San Francisco, California, dio al mundo un pequeño vistazo del futuro de Apple en esta nueva etapa que coincide con su entrada a la producción de contenidos para televisión. 

Si usted, querido lector, vivió bajo un coco todos estos días, le explicaremos lo que implica este cambio. El reproductor de música de Apple, aquella plataforma tediosa y que desde hace por lo menos 10 años ofrecía una pésima experiencia para sus usuarios, se partirá en tres entidades para música, podcasts y los contenidos audiovisuales. 

Apple Music será la entidad dedicada a la reproducción de música y a la plataforma de streaming que cada día es evidentemente más importante para la compañía. Cada día se compran menos canciones a través de plataformas digitales, y la mayoría de los usuarios utilizan únicamente servicios de streaming para consumir música. En el 2018, según el Global Music Report 2019 del IFPI, las descargas digitales cayeron 21.2% a nivel mundial, ubicándolos en 7.7% del pastel de la industria. En América Latina, la caída fue de 45 por ciento. 

Existen especímenes raros que siguen comprando CD’s o acetatos, románticos que buscan una dosis de música que no sea interrumpida por invasivos comerciales o el product placement de una playlist creada por algoritmos. 

Pero desde que las computadoras de la manzana prescindieron de la unidad de disco de sus nuevas generaciones, sin una unidad externa, no había manera de digitalizar todos esos discos de los noventa que quizá ya quería tirar a la basura y estaban arrumbados en el estudio.

La plataforma para podcasts, suponemos, tratará de combatir los intentos de Spotify por ser el líder en el formato. La compañía sueca ha comprado varios estudios de producción de podcasts (Gimlet y Anchor), y anotó un gran triunfo con un podcast dedicado a The Clash. Los usuarios de la manzana, tal vez, recordarán el arcoíris de espera como la última gran aportación a los podcasts de su plataforma. 

Cuando Steve Jobs anunció el iTunes en el 2001, él creía que sus computadoras personales podían convertirse en el centro de aquel naciente estilo de vida digital. Esa revolución llegaría impulsada por la llegada del iPod y dos años más tarde se consolidaría con la tienda de música que permitía comprar de manera legal la música que años antes nos pirateamos en sitios ilegales como Napster, AudioGalaxy, LimeWire, etc. 

La segunda transformación de iTunes llegó con Apple Music, cuando de la mano de los productores Dr. Dre, Jimmy Iovine y Trent Reznor, lanzaron el nuevo servicio de streaming que buscaba traer una sensación orgánica y humana a las plataformas de streaming. 

A la fecha, a pesar de que han tenido a  artistas como Elton John, Q-Tip, Lars Ürlich y Zane Lowe, entre su parrilla de locutores, sus esfuerzos han sido opacados por la compañía sueca que debutó en Wall Street el año pasado. 

Nadie debería lamentarse por la extinción de esta plataforma que ofrecía una pésima experiencia para sus usuarios, que era frígida, que nunca te explicó porque tu preciado disco de Prince se encontraba hasta el otro lado de la biblioteca, junto a una compilación sin nombre ni artista, etiquetada simplemente como “Artista” o “Canción 1”. 

Tampoco deberíamos de enlutarnos por esta plataforma que dejó de evolucionar, que constantemente insultaba al usuario con el arcoiris de carga y sus poco funcionales servicios para agregar letras y portadas de los álbumes. 

Lo único que le podemos decir a este invento es lo mismo que el jefe Bruce Springsteen le cantaba a Bobbie Jean, aquel flechazo del pasado,  Adiós, iTunes, “buena suerte y hasta luego”. 

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea