La idea de declarar terroristas a los narcotraficantes mexicanos trae un alud de consecuencias que, resultan tan atrayentes como preocupantes para los mexicanos, podría convertirse en la piedra angular de las relaciones México-Estados Unidos.

Sin ingenuidad hay que considerar que, en el contexto de la política norteamericana, la declaración del presidente de Estados Unidos Donald Trump podría ser simplemente una estrategia de campaña, es sabido que la “mexican piñata”, se ha traducido en mucho apoyo para el presidente Trump, el asunto podría no pasar de una mera ocurrencia política.

Más allá del chovinismo nacionalista, las posibilidades de intervención que abre esa declaración ponen los pelos de punta a más de uno en nuestro país. Desde este lado de la frontera los problemas de seguridad publica se multiplican, que el estado mexicano parece quedarse sin respuestas ante los embates de los criminales.

Dicha posibilidad hace reflexionar a los puritanos de nacionalismo sobre la invasión de la “soberanía nacional”. También habría que analizar detenidamente cómo ha cambiado el concepto de soberanía en las nuevas generaciones, sin duda en éste y otros temas, la brecha generacional con los millennials que se refleja es grande.

Más allá de las posibilidades intervencionistas y del belicismo norteamericano llama poderosamente la atención la diferencia de enfoques de los gobiernos: en México a los narcotraficantes y sus redes se les considera víctimas del neoliberalismo y de los malos gobiernos; la máxima de abrazos y no balazos es reveladora sobre esta percepción. En tanto el gobierno estadounidense los considera criminales de la más alta peligrosidad, que merece se les aplique todo el rigor de la ley del sistema judicial de Estados Unidos.

Las intenciones del gobierno estadounidense se relacionan con restringir la oferta de drogas en los Estados Unidos, tal como su momento lo hicieron en Panamá, con el general Noriega y quizá, digo sólo quizá, con poner un ojo vigilante al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

El gobierno de Trump tiene otras alternativas como restringir la demanda de drogas de Estados Unidos, así como detener el flujo de armas hacia México.

Lo cierto es que la estrategia de seguridad pública de “abrazos y no balazos” no asusta a los criminales, la apuesta a la guardia nacional es un proyecto que tendrá que esperar algunos años para dar resultados. Abrazos o balazos es la disyuntiva, por lo pronto el gobierno mexicano decidió detener la guerra contra los delincuentes, quienes parecen haber ganado el primer escarceo. Hasta la próxima querido y preocupado lector.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.