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Opinión

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AMLO: buscándole tres pies al gato

No se requiere ser un adivinador o acudir al Oráculo de Delfos para saber que a medida que se le pongan peor las cosas a AMLO tenderá a radicalizarse. El país está, pues, en una carrera entre la terminación del sexenio y que todo se venga abajo. Si llega septiembre del 2024 sin que haya una crisis económica fuerte, una pelea dura con Estados Unidos o algún otro evento catastrófico, López empacará sus chivas y se marchará a la Chingada (su rancho) a ver cómo le hace para controlar al siguiente presidente(a). 

Pero si antes de que termine su mandato las cosas llegan a un punto grave, el discurso actual de odio y rencor se acentuará. Y entonces sí: “Houston, we have a problem”, como dicen que se estila ahora decir en Palacio Nacional, quién sabe por qué. Esa posible radicalización devendrá en un mandatario paranoico (el de ahora sólo está enojado), que verá traiciones y complots y buscará culpables fuera de los ámbitos de sus errores y malas decisiones. 

En esta semana le sentaron mal las palabras de Anthony Blinken, secretario de Estado del gobierno de Biden, acerca de los periodistas. El funcionario norteamericano externó por tercera ocasión la preocupación de su gobierno por los periodistas asesinados en México y se sumó a quienes demandan mayor protección del Estado mexicano al gremio. No hizo ninguna acusación directa al gobierno de López Obrador, pero entre líneas dejó clara la ineficiencia gubernamental para proteger a los comunicadores. Esto, a diferencia del senador Ted Cruz (Texas), que sí señaló al mandatario mexicano por sus continuos ataques a la prensa. 

Por supuesto, nadie en su sano juicio creería que el gobierno de Biden se volvió solidario con los periodistas por el solo placer de serlo. El asunto tiene cola, como todo en el escenario público, y se llama reforma eléctrica y, por extensión, meter al orden a López. No obstante, Blinken presiona con verdades: es una tragedia lo que está pasando con la prensa y los periodistas y los mecanismos de “protección” no están funcionando. Esto está fuera de duda. Tampoco el senador Cruz faltó a la verdad.

Las palabras del secretario de Estado en un tuit detonaron en AMLO una respuesta desproporcionada en la mañanera del 23 de febrero. Calificó de mal informado al funcionario o, en su defecto, injerencista. También, deslizó la idea de que quienes le pasan información son los conservadores mexicanos. Otra vez, traición a la patria porque, ya se sabe, la patria la “encarna él”. 

El asunto no quedó aquí. Posteriormente, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, le respondió: «Hemos visto, en los hechos, las amenazas que enfrenta el periodismo en México y esa es la preocupación que expresó el secretario estadounidense de Estado, Antony Blinken, en nombre de Estados Unidos, sobre esos abusos. Creo que habló con base en los hechos sobre el terreno». Esta declaración motivó una carta del canciller Marcelo Ebrard a Blinken. En ella le dice de los esfuerzos y la preocupación de López por los periodistas y recalca que la seguridad es una tarea de ambas naciones. Por supuesto, no podía dejar pasar el golpe: la epístola subraya que probablemente las armas con las que han asesinado a los periodistas son de fabricación estadounidense. Es decir, México culpa a sus vecinos del norte. 

Las cartas están sobre la mesa y las torpezas del presidente han tensado las relaciones con los Estados Unidos de manera innecesaria. Peor aún, ha convertido a Anthony Blinken en su enemigo personal en contraposición a Ken Salazar, el embajador “amigo”, y Joe Biden, el “respetuoso”. En realidad, el secretario de Estado es sólo una correa de transmisión de su gobierno. 

¿Cuáles serán las repercusiones de esta tensión? Biden no es Trump, por lo que es difícil pensar en una medida arbitraria como la que aplicó el Donald en el tema arancelario, pero el efecto en inversiones y cooperación puede ser muy grave en un momento en que parece que la situación económica nacional e internacional se deteriora, en parte por la inflación y la invasión de Rusia a Ucrania. 

Sobre este último tema, hay que señalar que dejó un mal sabor la resistencia del presidente López en llamar por su nombre a la invasión rusa. Esta ambigüedad característica del mandatario es frecuentemente subsanada por sus funcionarios, como sucedió ahora con la declaración de Marcelo Ebrard que llamó a las cosas por su nombre.  Este detalle seguramente no pasó desapercibido para europeos y socios del T-MEC.

Ayer mismo, se reportó el asesinato del periodista Jorge Camero, director del portal El Informativo, en Empalme, Sonora. Estas muertes y los errores de AMLO ya no pasan desapercibidos ni siquiera en el exterior. Ojalá que termine su sexenio sin que su rencor y frustración por haber fracasado en casi todos los ámbitos lo devore y a nosotros con él.

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