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Opinión

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2027: tormenta perfecta en formación

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Minimizar los problemas y responsabilizar a terceros son parte de la habitual fórmula mañanera, pero el autoengaño es el peor enemigo de la estabilidad y lejos de ser un país de certezas, la economía y la política mexicanas se mueven hacia terrenos inestables.

La realidad es que el 2027 no se perfila como un periodo de consolidación, sino como el momento en el que pueden coincidir dos crisis largamente gestadas: el agotamiento fiscal y la asfixia democrática.

El primer escenario es estrictamente matemático y es tan frío como el margen de maniobra que le queda al manejo de las finanzas públicas para convencer a los mercados de que México sigue siendo un país de solidez macroeconómica.

Las expectativas de crecimiento económico mantienen su deterioro por parte de prácticamente todos los organismos públicos y privados que hacen estas estimaciones; la corrección fiscal no avanza al ritmo prometido y el nivel de deuda está en una posición incómoda frente al Producto Interno Bruto si atendemos al desempeño que tiene la economía mexicana.

Las alertas que quisiera apagar el régimen son externas y tienen línea directa con los mercados. Recientemente Moody’s recortó la nota de México a “Baa3”, con lo que igualó su posición en el último escalón de grado de inversión junto con Fitch y su “BBB-”; por su parte, Standard & Poor’s mantiene su “BBB”, pero en perspectiva Negativa.

Si atendemos a los calendarios de revisión del estatus soberano de estas firmas calificadoras, el 2027 puede ser un año en el que alguna de esas notas caiga en el terreno del nivel especulativo. Ese sería un cambio radical ante los ojos del mercado.

Así, el tiempo sigue corriendo para que el gobierno cumpla con el mismo cometido que ha tenido desde que López Obrador entregó el caos de las cuentas públicas del 2024. De todas las amenazas fiscales, hay dos que difícilmente querrá corregir el régimen: la asfixia presupuestal por las transferencias clientelares del Bienestar y el barril sin fondo que representa Pemex.

El segundo escenario se cocina en el terreno político y acaba por complicar la parte económico-financiera. El diseño legal y electoral que ha confeccionado el régimen para perpetuarse en el poder y anular la alternancia, también se topa aquí con las matemáticas, no las fiscales, sino las de los votos.

Durango, Veracruz y ahora Coahuila dejan ver rasgos de debilidad electoral en Morena, lo que arroja la pregunta de qué haría el régimen si ya no le alcanza para ganar a la buena. Y el 2027 es un año crucial, por la renovación de la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas.

Las “nuevas herramientas” electorales que ha moldeado el régimen podrían entrar en funciones y más allá de la eventual alteración de resultados, su uso podría detonar una profunda incertidumbre y un ruidoso rechazo tanto a nivel nacional como internacional.

La combinación de ambos escenarios, el fiscal y el electoral, puede provocar una tormenta perfecta para el 2027 que no solo deje cuestionamientos en los mercados financieros, sino que alcance reacciones más contundentes en la sociedad y en el plano mundial.

La realidad es que el 2027 no se perfila como un periodo de consolidación, sino como el momento en el que pueden coincidir dos crisis largamente gestadas: el agotamiento fiscal y la asfixia democrática.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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