Bruselas se prepara para una inminente invocación del artículo 50 del Tratado de Lisboa por parte de Reino Unido - que dará comienzo al divorcio oficial con la UE-, tras cobrar fuerza los rumores de que Theresa May anunciará la decisión mañana martes.

Los líderes europeos podrían reunirse el próximo 6 de abril para dar una respuesta al anuncio de Londres.

Aunque Downing Street ha señalado en las últimas semanas que la notificación a Bruselas se llevaría a cabo a finales de marzo, parece posible que la primera ministra decida adelantar al martes el anuncio. Ayer, el ministro de Comercio, Liam Fox, no aclaró muchas dudas al ser preguntado. "Será definitivamente esta semana, la semana próxima o la siguiente", comentó.

May podría querer activar el artículo 50 mañana, si tiene el visto bueno del Parlamento, que hoy decide si da vía libre a la primera ministra para iniciar el divorcio con la Unión Europea. La idea sería actuar antes del miércoles, cuando se celebran las elecciones generales en Holanda que, de momento, lidera en las encuestas el Partido por la Libertad, claramente antieuropeísta.

En el caso de que la primera ministra no se decida a romper oficialmente con Bruselas esta semana, el calendario hasta finales de mes está repleto de citas importantes. Los días 17 y 18 de marzo se celebra el Congreso del Partido Nacionalista Escocés, donde el ánimo independentista podría exaltarse si coincide con el inicio del Brexit, al que la mayoría de escoceses se oponen.

La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, insinuó la semana pasada que la celebración de un segundo referéndum de independencia era casi imposible de evitar y que le parecía "de sentido común" llevarlo a cabo en otoño de 2018, como ha empezado a difundirse.

Escocia celebró un primer referéndum en septiembre de 2014, en el que los partidarios de seguir siendo parte de Reino Unido ganaron con un 55% de los votos.

Celebración

Si Theresa May decide dejar el anuncio del artículo 50 para la semana siguiente, otra cita relevante puede cruzarse en su camino. La UE estará en vísperas de celebrar su 60 aniversario en una cumbre en Roma prevista para el 25 de marzo.

A May le quedaría entonces la opción de enviar la carta en los últimos días de mes, tal y como algunos parlamentarios de Westminister defienden que sería la mejor opción.

La fecha que elija la primera ministra es importante por tres razones. La primera es simbólica, ya que para los partidarios del Brexit sería su día B (aunque muchos preferirán seguir celebrando más el 23 de junio, cuando los británicos votaron en referéndum salir de la UE). La segunda razón es que esa jornada empezará la cuenta atrás del reloj que apenas da 24 meses (prorrogables solo si todas las partes lo acuerdan) para negociar una ruptura muy compleja. Y la tercera es que esa fecha puede ser utilizada por el Gobierno británico para marcar un antes y un después en el tratamiento de la inmigración europea. Quienes lleguen después del Día B, podrían no tener asegurados sus derechos de residencia una vez que se ejecute el Brexit.

Enmiendas

Los Comunes tendrán hoy un papel relevante a la hora de dar a la primera ministra todos los poderes para activar el protocolo del Brexit. El Gobierno pensaba haber finalizado todos los trámites la semana pasada, pero la Cámara de los Lores ha planteado más oposición de la esperada, al aprobar dos enmiendas. Una de ellas pretende defender los derechos de los europeos residentes en Reino Unida y la otra quiere que el Parlamento vote al acuerdo final del Brexit para decidir si es favorable para los intereses de los británicos.

Se espera que los Comunes anulen estas dos enmiendas en una votación rápida y que May tenga las manos libres para decidir todos los detalles de la negociación. Ayer, el ministro del Brexit, David Davis, pidió a los parlamentarios que "no aten las manos de la primera ministra" con el fin de que pueda actuar con total libertad.

Davis aseguró que es importante que el Parlamento cumpla su labor de supervisión del Gobierno, pero también añadió que la Ley del Brexit debe mantenerse cuanto más simple mejor, para dar a May más margen de maniobra en las negociaciones con Bruselas.

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