El impacto en las Bolsas mundiales de las últimas grandes citas electorales de 2016 en Estados Unidos e Italia ha roto con todos los pronósticos. Todavía resuenan en el ambiente las previsiones de Barclays que anunciaban un desplome entre el 11% y el 13% en el S&P 500 si ganaba Donald Trump en los comicios estadounidenses del pasado mes de noviembre. Desde entonces, el índice no ha dejado de escalar hasta máximos históricos.

Otras firmas, como Bernstein, incluyeron a tres bancos españoles (BBVA, Santander y CaixaBank) en el grupo de los que podrían ser más castigados fuera de Estados Unidos por la victoria del candidato republicano. La realidad es que la banca ha vivido un gran rally de fin de año sólo frenado por una mala noticia tan ajena a un proceso electoral como la sentencia que obliga a las entidades financieras a indemnizar a 1.5 millones de clientes por las cláusulas suelo.

Tampoco la derrota de Mateo Renzi, el hombre que había dotado a Italia del Gobierno más estable en muchos años, ha pasado factura alguna a la renta variable. ¿Por qué las Bolsas han desmentido tan rotundamente las previsiones de los analistas? ¿Ha dejado de ser la política un factor determinante en el devenir de los mercados de valores antes de las importantes citas con las urnas de 2017?

Tres países donde los partidos de extrema derecha no dejan de crecer celebrarán elecciones el año que viene. En marzo será el turno de Holanda, donde Geert Wilders, el líder del Partido de la Libertad se ha comprometido a desgajar al país de la Unión Europea si gana. Muy poco después es el turno de Francia, con Marine Le Pen creciendo en las encuestas. Y entre el 27 de agosto y el 22 de octubre serán los alemanes los que voten. ¿Cómo recibirán los mercados estas tres citas de alto voltaje?

"No creo que los mercados no se dejan llevar por el factor político, sino todo lo contrario. Estamos dejando atrás un mundo gobernado por los bancos centrales, en el que se combinan políticas monetarias expansivas con austeridad en materia fiscal", explica Prem Thapar, de Lombard Odier, para quien "aquellos Gobiernos que no ofrecen políticas monetarias expansivas asumen riesgos electorales importantes".

Thapar cree que "tanto con Gobiernos con carácter populista como no populista, vamos hacia una política fiscal expansiva global que traerá repuntes de inflación y crecimiento económico en el corto plazo", y asegura que aunque los mercados "son coherentes con estos cambios del corto plazo, no están teniendo en cuenta ni los riesgos de no implementación de las medidas prometidas ni los riesgos potenciales del corto plazo".

Las cifras dicen que un resultado en las urnas teóricamente adverso para los intereses del mercado (que apostaba por Hillary Clinton y la victoria de Renzi) cada vez tiene menos impacto negativo en las Bolsas. El 'Brexit' tuvo un impacto limitado en el tiempo, la victoria de Trump apenas se dejó sentir unos minutos y el referéndum de Italia pasó sencillamente desapercibido.

En la misma línea de Thapar, Daniel Pingarrón, explica que "la victoria de Trump ha sido leída sólo en términos de aceleración del crecimiento, incremento del gasto público y de la inversión, recorte de impuestos y vuelta de la inflación, provocando eso un auténtico rally".

Pero en este caso, el analista de IG Markets asegura que con vehemencia que la reacción de los mercados "ha sido incoherente e imprevisible. Parece probable que las citas políticas de 2017 generen una gran volatilidad, y se vean ciertas ventas en los días previos. Pero la reacción posterior, en base a los últimos hechos que hemos observado, es más imprevisible".

Victoria Torre, de Self Bank, cree que los mercados seguirán sostenidos por los bancos centrales. "La reacción de los mercados está siendo modulada por las expectativas que tiene el mercado sobre la actuación de los bancos centrales, que siempre que se ha producido un acontecimiento político en los últimos tiempos han advertido que estaban preparados para actuar si era necesario".

estrategias@eleconomista.mx