Tratándose de predecir el futuro, nadie tiene capacidad de superar a los demás. En esta ingrata labor es más frecuente la equivocación que el acierto; en especial cuando se trata de cuantificar fenómenos que no son fácilmente medibles. Lo anterior es aplicable a todos los practicantes, incluso al gobierno.

Ya comentábamos la semana pasada sobre los signos de desesperación que cunden entre los inversionistas y entre los agentes económicos en general, al observar la debilidad del desempeño económico.

Las conjeturas abundan. Asimismo, los factores que se suman para explicar por qué no hay señales de una realidad que la mayoría de los expertos había pronosticado como mejor a la de hace un año.

La irritación se acentúa al hacer recuento de las noticias y ver que en su mayoría éstas son favorables: La detención del Chapo, el alza de la calificación a nuestra deuda, la aprobación de reformas, etcétera. ¿En dónde está la distorsión?

Una posibilidad es que las estimaciones del gobierno no estén cumpliéndose. Es un ejercicio muy complicado estimar una tasa de recaudación si el supuesto de crecimiento económico no la soporta. Tampoco hay mucha manera de cuantificar, aunque se hagan los mejores esfuerzos, la reacción de las empresas en sus planes futuros. Es posible que el impacto del ajuste fiscal, que ya sabíamos que se iba a presentar, sea más agudo de lo que todos calculábamos, incluidas las autoridades.

Por otro lado, las estimaciones optimistas de crecimiento se fincaban en la detonación de un gasto público mayor. La información anecdótica dice que éste no se percibe. Podremos estar equivocados, pero la debilidad económica y la respuesta de muchos empresarios validan esa sensación.

Tal vez los síntomas tarden en cambiar y las autoridades ya estén ejerciendo un gasto mayor al año pasado, pero la percepción sólo va a modificarse con números que demuestren que hay una mayor actividad en rubros como la construcción o el comercio y que se generan empleos que a la larga mejoraran la foto del consumo.

Posiblemente sea un asunto de falta de confianza, pero no se ve que por el lado del desempeño de los negocios ésta florezca. En general, las previsiones de muchas empresas que reportan a Bolsa para el 2014 son conservadoras y yo diría un poco tímidas, con respecto a las aún entusiastas expectativas respecto de la economía.

Es temprano para hacer un juicio sumario; nosotros seguimos pensando que la actividad económica en el sector industrial de los Estados Unidos mejorará hacia el segundo trimestre y también seguimos creyendo en el efecto benéfico sobre el PIB de un gasto público mayor. Pero estamos lejos de que exista información que valide esta previsión.

¿Será que el actual gobierno llegará a un año y medio de ejercicio con el crecimiento más bajo y el peor desempeño de la Bolsa que sus predecesores? ¿Será un costo que se tenía asumido al concretar las reformas estructurales? Nos cuesta creerlo.

Sabemos que las autoridades no se quedarían cruzados de brazos ante un escenario como tal, pero el principal temor entre los agentes e inversionistas es que el período de marasmo incluso pueda extenderse a un periodo mayor; a final de cuentas, mucha gente se pregunta qué más puede hacerse si lo logrado hasta ahora no se refleja en los números. Esperemos que el ritmo de recuperación sea más tangible en los siguientes meses.

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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