Acaba de terminar el primer semestre del 2010, y la percepción general es que no existen elementos para asegurar que la primera parte del año fue buena o mala. Y es que cuando se presentaban buenas noticias en el plano económico en nuestro país simultáneamente surgían noticias desfavorables en Europa o en algún otro lugar del mundo.

En este sentido, vale la pena hacer un recuento de los principales acontecimientos de la primera parte del año para tener una mejor idea de lo que sucedió y de lo que nos espera en la segunda parte. Quizá uno de los principales aspectos que hay que destacar es que pese a todo, la economía mundial continuó consolidando el proceso de recuperación, aunque con diferencias importantes entre países y regiones.

Los países desarrollados han mostrado un avance relativamente modesto ante la presencia de fuertes presiones fiscales y lo restrictivo que han resultado los programas instrumentados con el fin de mejorar el estado de sus finanzas públicas. Estos países han mantenido los estímulos fiscales y monetarios con el propósito de incentivar un mayor crecimiento económico y una mayor demanda.

Las economías emergentes, contrariamente, mostraron un mejor desempeño económico basado en un dinamismo importante de las exportaciones, la demanda global de materias primas y en una calidad fundamental mucho más sólida que la mostrada por los países desarrollados. Como resultado de una mayor demanda, se han empezado a registrar presiones inflacionarias y en varios casos ha iniciado la restricción de la política monetaria. Lo que ha dado origen a un fenómeno interesante a nivel internacional y tiene que ver con la canalización de un importante flujo de recursos a los países emergentes con el propósito de aprovechar el amplio diferencial de tasas.

Pero el entorno estrictamente macroeconómico se vio enrarecido por una serie de eventos sociales y naturales, que finalmente tuvieron o tendrán implicaciones económicas serias. Por mencionar algunas de ellas, habrá que destacar las huelgas y disturbios en países europeos en los que los programas de ajuste han ocasionado una reacción incluso violenta de los sindicatos y la sociedad en general.

En la misma línea, se encuentra, la erupción de un volcán en Islandia que afectó seriamente la actividad económica mundial durante algunas semanas.

Se estima que las líneas aéreas perdieron 200 millones de dólares por día, además de dañar el comercio de flores, verduras y electrónicos ante el retraso de vuelos. De igual forma, la industria mundial que funciona bajo el esquema de just in time también resintió los efectos de la falta de insumos; como Nissan, quien suspendió la producción de tres modelos en Japón como resultado de la falta de suministro de autopartes europeas, lo que derivó en el recorte de la producción de 2,000 unidades en dos plantas del país asiático.

El desastre petrolero en las costas de EU del Golfo de México ha sido igualmente dramático. Aunque es difícil, en estos momentos, estimar el impacto económico del derrame, llama la atención que en días recientes BP dijo que el costo de los esfuerzos de limpieza y contención asciende a 3,120 millones de dólares, sin considerar el impacto en la industria pesquera y el turismo.

En un entorno sin lugar a dudas complicado, hay que destacar que la zona euro creció 0.50 en el primer trimestre del año; EU, 2.5; México, 4.3, e India 8.5 por ciento. Por otro lado, el FMI y la OCDE han revisado a la alza su expectativa de crecimiento económico mundial, aunque este seguirá sustentado por países emergentes. La volatilidad seguramente continuará en el segundo semestre, pero se puede anticipar la consolidación del proceso de recuperación iniciado en la primera parte del año.

*Manuel Guzmán M. es economista en jefe de Ixe Grupo Financiero. Su opinión no representa necesariamente la posición de la institución.