La rentabilidad de una compañía puede ser un determinante clave de los retornos que obtiene un inversionista a largo plazo. Y si bien existen una amplia variedad de ratios e indicadores que pueden aplicarse para evaluarla, es importante analizarlos desde un punto de vista integral y en el contexto de la estrategia puntual de cada firma.

A grandes rasgos, podríamos diferenciar en dos grandes tipos de medidas de rentabilidad: las que evalúan los niveles de rentabilidad sobre ventas y las que analizan la rentabilidad sobre el capital de la compañía. Ambos tipos de indicadores están claramente relacionados entre sí, aunque es importante tener en cuenta las diferencias y el modo en que interactúan entre ellos.

Los márgenes de rentabilidad sobre ventas evalúan las ganancias de la compañía por cada dólar de facturación. Los de uso más habitual son el margen bruto y el margen operativo.

El resultado bruto se obtiene tomando las ventas netas del costo de la mercadería vendida, y el margen bruto divide el resultado bruto sobre las ventas en el período. Es decir, indica qué porcentaje del precio de venta la firma retiene como ganancia sobre el costo de la mercadería.

Este es un indicador esencial en negocios como retail, por ejemplo. Analizando el margen bruto, puede evaluarse la capacidad de fijación de precios de la empresa, lo cual nos dice mucho sobre su fortaleza competitiva.

El resultado operativo descuenta rubros como costos de ventas, marketing, generales y administrativos sobre el margen bruto. Como tal, mide el resultado de la compañía luego de pagar los costos relacionados con la gestión del negocio, sin incluir variables como intereses sobre deuda o impuestos.

El margen operativo mide el resultado operativo sobre ventas, y resulta valioso desde diferentes puntos de vista. En general, los gastos operativos son relativamente fijos en comparación con las ventas, lo cual implica que en muchos casos el margen operativo tiende a aumentar cuando crecen las ventas de la empresa.

Las ganancias crecen entonces por dos caminos diferentes pero relacionados. Mayores ventas implican ganancias en aumento, y la expansión en los márgenes de rentabilidad provee un impulso adicional al crecimiento de los beneficios. Esto se conoce con el nombre de apalancamiento operativo, dependiendo del tipo de negocio y su industria, suele darse con mayor o menor medida en diferentes casos.

Analizar los márgenes operativos puede ayudarnos a comprender con mayor claridad la posible evolución futura de las ganancias en función de las ventas. Tal vez incluso más importante, puede ser vital a la hora de evaluar los riesgos en caso de escenarios adversos.

Una compañía con márgenes operativos elevados cuenta con capacidad para afrontar caídas de ventas sin que esto tenga un impacto demasiado grande sobre sus resultados. En cambio, cuando el margen operativo es escaso, una baja en la facturación puede rápidamente generar pérdidas a nivel operativo, con todo lo que esto implica en términos de la salud del negocio y la percepción que tienen los inversionistas sobre la compañía.

Los márgenes de rentabilidad sobre el capital evalúan las ganancias de la firma en comparación con variables como sus niveles de activos, el patrimonio neto o el capital invertido. Las diferencias entre estos ratios pueden ser importantes; sin embargo, la clave es tener en cuenta que evalúan la rentabilidad del negocio en función del dinero invertido en él, no de las ventas de la compañía.

Si una empresa tiene mayor capacidad para obtener ganancias en base a su capital, ya sea que hablemos de activos, patrimonio o inversiones, cada dólar que el negocio pone a trabajar está generando retornos atractivos. Por lo tanto, existe una relación directa entre estos indicadores y las ganancias que puede obtener el accionista a largo plazo.

Es importante tener en cuenta que los márgenes de rentabilidad fluctúan notablemente en función del modelo de negocios y la estrategia competitiva de la compañía.

Wal-Mart (WMT), por ejemplo, opera con márgenes sobre ventas particularmente bajos, ya que la compañía necesita ofrecer sus productos a precios lo más competitivos posibles, lo cual limita su capacidad para obtener márgenes elevados sobre las ventas.

Por otro lado, la compañía rota rápidamente sus inventarios, y cuenta con un considerable poder negociación frente a sus proveedores, lo cual le permite negociar plazos de pago muy convenientes. Es decir, si bien los márgenes sobre ventas son bajos, la rentabilidad sobre activos es considerable, ya que la firma es muy eficiente en cuanto a la utilización de capital.

En sentido inverso, un negocio como la joyería de alta gama Tiffany (TIF) tiene un modelo de rentabilidad muy diferente. Los precios son altos, y también es elevado el margen sobre ventas. Sin embargo, los volúmenes de venta y la capacidad de rotación de inventario son limitados.

En definitiva, conviene ir más allá de un simple análisis de los niveles de rentabilidad de una compañía. Para tener una mirada abarcativa sobre la salud de la empresa, es importante entender cómo los diferentes niveles de rentabilidad se relacionan con su estrategia de negocios.

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