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A Trump solo le faltó ponerse la playera de España
El presidente de Estados Unidos hizo unos pasos de baile junto a los jugadores de la selección española; les entregó la copa.

El presidente Donald Trump también tuvo sus momentos de festejo, ayer en la final del Mundial.
Atrás quedaron los aranceles en contra de Canadá por el tema de la contaminación en Nueva York producto de incendios forestales en el país del primer ministro Mark Carney; atrás quedaron las críticas a la presidenta Claudia Sheinbaum por el miedo que tiene a combatir a narcotraficantes. Trump mantuvo breves intercambios con los dirigentes de los países coanfitriones del torneo. Era el día de España (y de Donald Trump). Quizá hoy vuelva a cargar contra los líderes de Canadá y de México.
Trump también saludó al presidente de España, Pedro Sánchez, quien asistió con la familia real española, pese a sus recientes críticas contra Madrid por no respaldar la guerra contra Irán.
Al presidente Trump le gusta su inmortalidad en las redes sociales (aunque en ocasiones recurra a la IA) y en las primeras planas de los periódicos de todo el mundo.
Tal vez sean estas las razones por las que ayer, Trump se aseguró una parte del protagonismo en la final del Mundial al permanecer en el escenario junto a la selección de España cuando levantaba el trofeo tras vencer a Argentina.
Pese a que fue recibido entre abucheos cuando salió a la cancha acompañado del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, Trump disfrutó de la atención al cierre de un torneo que calificó como "el evento deportivo más exitoso quizá en la historia del mundo".
Infantino tuvo que tomar del brazo a Trump para sacarlo del foco de atención: los jugadores españoles saltando con la copa de Mundo.
Trump no es un aficionado al futbol, pero sí a los negocios que podría desarrollar con el presidente de la FIFA Gianni Infantino. No es baladí que el organismo de futbol haya decidido abrir una oficina en la Trump Tower de NY.
Tarjeta roja
Es la primera ocasión en la que Trump acudía a un partido del Mundial, sin embargo, quedará en la historia el juego sucio de Trump al haberle pedido a Infantino que perdonara al seleccionado de EU, Folarin Balogun. El futbolista no tuvo que haber jugado contra Bélgica por haber sido expulsado el anterior partido.
No es el amor por el futbol, es el negocio de Infantino lo que le gusta a Trump.


