Emmanuel Macron hereda una economía atascada en deuda, con un alto desempleo, crecimiento tibio, e incapaz de competir efectivamente con sus pares europeos, destaca la consultora en geopolítica Strategic Forecasting (Stratfor, por su acrónimo en inglés).

De acuerdo con la firma, una de sus primeras acciones de será nombrar un primer ministro y un gabinete. Sin embargo, este gobierno está sujeto a cambios después de las elecciones legislativas, que tienen lugar en dos rondas en junio.

Ganar la elección es sólo el primero de varios desafíos que el presidente enfrentará en su búsqueda para gobernar Francia, observa Stratfor. Primero, deberá elaborar una lista de candidatos para las elecciones a la Asamblea Nacional.

Macron prometió que al menos la mitad de sus candidatos serán personas con poca o ninguna experiencia política, pero ya está en conversaciones con miembros de los partidos tradicionales. Una coalición dispar de políticos y partidos puede ayudarle a ganar las elecciones legislativas, pero también podría complicar la formulación de políticas en el futuro.

Aunado a lo anterior, el ganador de las elecciones francesas deberá dar un giro de la economía francesa el cual requerirá una combinación de cambios de política y movimientos en el gasto, ninguno de los cuales será fácil de instituir. Como la mayor parte de la Europa mediterránea, Francia sufrió la crisis económica y financiera que se apoderó del mundo hace casi una década.

El país tuvo que absorber altos niveles de deuda privada que se volvieron insostenibles después de la crisis, impulsando el gasto público y expandiendo la deuda pública de 68% del Producto Interno Bruto en el 2008 a un nivel actual de 97.5 por ciento.

Durante los cinco años que duró la administración de François Hollande, la cuestión económica más urgente de Francia ha sido el desempleo, que pese a centrarse en su reducción durante su mandato, esta condición pasó de 9.7 %, cuando asumió el cargo en mayo del 2012 a 10.5 por ciento en junio del 2015 y ha permanecido por encima de 10% desde entonces.

ana.langner@eleconomista.mx