La advertencia en la carta del 11 de abril era clara: un grupo local estaba planeando un ataque terrorista suicida contra iglesias en Sri Lanka.

Priyalal Disanayaka, el subinspector general de la policía, firmó la misiva dirigida a los directores de cuatro agencias de seguridad esrilanquesas. Identificó a Mohammed Zaharan como el líder de National Thawheek Jaman y añadió que la inteligencia estatal mostró que el grupo planeaba un ataque suicida en el país.

El responsable policial pidió a los directores de las cuatro agencias que “presten atención extra” a los lugares y personalidades a su cargo.

El reporte de inteligencia que acompañaba a la carta, que después circuló por redes sociales, estaba escrito tanto en sinhala, el idioma local, como en inglés. El texto mencionó al National Thowheed Jamath y señaló que estaba liderado por Zahran Hashmi y que tenía como objetivo algunas iglesias importantes para un ataque terrorista suicida que estaba previsto que ocurriera pronto. El informe nombró a seis individuos que podrían estar implicados en la trama.

Las discrepancias en los nombres no se explicaron de inmediato. La carta lleva el sello de la división de seguridad ministerial.

El ministro de Salud de Sri Lanka sostuvo una copia del documento de inteligencia el lunes mientras describía su contenido, lo que planteó dudas sobre la labor de la policía para proteger a la población de un ataque.

No estuvo claro de inmediato qué medidas tomaron los responsables de las agencias de seguridad. Disanayaka no respondió a llamados ni a mensajes pidiendo comentarios el martes.

Pero mientras los líderes esrilanqueses discutían por lo que parecía ser un enorme fallo de inteligencia que desembocó en el episodio violento más letal desde la guerra civil en la nación asiática, el ejército aprovechó sus recién concedidas competencias para tiempos de guerra para realizar detenciones.

Medidas extremas en el aeropuerto

Entre las 40 personas arrestadas por presuntos vínculos con los ataques del Domingo de Pascua estaban el conductor de una camioneta supuestamente empleada por los suicidas y el propietario de una vivienda donde vivían muchos de ellos, aseguraron las autoridades.

El aumento de la seguridad era evidente en un aeropuerto internacional ubicado a las afueras de la capital, donde el personal de seguridad patrullaba con perros que detectan explosivos, revisaban los maleteros de los autos e interrogaban a conductores en carreteras cercanas. La policía ordenó que cualquiera que deje un coche estacionado en la calle sin supervisión debe dejar una nota con su número de teléfono en el parabrisas. Los carteros no aceptaban paquetes envueltos previamente.

El bloqueo en la mayoría de redes sociales desde los ataques dejó un vacío de información, alimentando la confusión y dando poca seguridad sobre el final del peligro. Incluso después del levantamiento del toque de queda, las calles del centro de Colombo estaban en su mayoría desiertas los días posteriores a los ataques, y muchas tiendas seguían cerradas mientras soldados armados hacían guardia.

Venganza por ataque en Nueva Zelanda

Un alto funcionario de Sri Lanka dijo que los atentados del Domingo de Pascua fueron perpetrados por radicales islámicos en aparente represalia por las masacres contra dos mezquitas efectuadas el mes pasado en Nueva Zelanda por un supremacista blanco.

El ministro de Defensa de la nación del sureste asiático habló luego de que el grupo Estado Islámico trató de reivindicar los ataques suicidas contra iglesias, hoteles y otros lugares.

Los comentarios hechos ante el Parlamento por Ruwan Wijewardene trascendieron poco después de que el grupo Estado Islámico sostuviera ser el responsable de los ataques en Colombo y sus alrededores, aunque el grupo no dio evidencias que avalen su afirmación.

El ministro dijo que los nueve ataques también ocurrieron por la debilidad del aparato de seguridad esrilanqués y su incapacidad para prevenirlos.

“Por el momento se ha establecido que las unidades de inteligencia estaban al tanto de este ataque y un grupo de responsables fue informado sobre el inminente ataque”, informó. “Sin embargo, esta información ha circulado sólo entre unos pocos funcionarios”.

Wijewardene dijo que el gobierno tenía información de que los ataques fueron perpetrados “por un grupo fundamentalista islámico” en respuesta a los atentados de Christchurch el 15 de marzo en Nueva Zelanda, que dejaron 50 muertos, pero no dijo cuáles eran sus evidencias.

En un comunicado en respuesta a la presunta relación con los ataques de Christchurch, la oficina de la primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern describió la investigación de Sri Lanka como “en su primera etapa”.

“Nueva Zelanda todavía no ha visto información de espionaje que podría avalar tal análisis”, mencionó. Un supremacista blanco australiano, Brenton Harrison Tarrant, fue arrestado por la masacre de Christchurch.

El grupo extremista Estado Islámico se atribuyó más tarde el martes la autoría de los ataques a través de su agencia noticiosa Aamaq, pero no mostró fotos ni videos de los atacantes jurando lealtad al grupo: pruebas que han dado otras veces al reivindicar ataques.

En un comunicado posterior del Estado Islámico, afirmó que siete combatientes tomaron parte en los ataques que mataron a “cerca de 350 cristianos e hirieron a otros 650, incluidos ciudadanos de estados de la coalición de los cruzados”, según una traducción de SITE Intelligence Group.

Mientras los líderes de la nación discutían las consecuencias del ataque, la seguridad se reformó el martes en una jornada de luto nacional. Por su parte, el ejército realizó detenciones con base en poderes que no empleaba desde el final de la devastadora guerra civil.