París. El autodenominado califato que los yihadistas del Estado Islámico (EI) instauraron en Siria e Irak puede haberse hundido, pero los devastadores ataques con bombas en Sri Lanka demuestran que la influencia de la ideología extremista del grupo permanece intacta.

El grupo islamista local National Thowheeth Jama’ath (NTJ), señalado como el autor de los ataques, “no tiene motivaciones locales, sino que quiere ser parte de la insurrección global del Estado Islámico”, explica a la AFP Zachary Abuza, profesor del National War College de Washington, especialista de los grupos yihadistas en Asia del sur.

“No conocía a ese grupo en particular, pero lo que sé es que siempre ha habido en Sri Lanka una comunidad salafista muy motivada”, señala.

“Durante los años de Al Qaida, desempeñaron un papel de apoyo a la organización, transfiriendo dinero, por ejemplo”, añade Abuza.

Estrategia “glocal”

El grupo yihadista esrilanqués aplicó lo que Jean-Pierre Filiu, profesor en el instituto Sciences Po de París, califica de “táctica ‘glocal’”, es decir acciones locales con objetivos globales.

“El aparato global de Dáesh (acrónimo en árabe del EI) se basa en un grupo local fuertemente arraigado y movilizado”, explica Filiu. “Dáesh intenta así compensar simbólica y mediáticamente la pérdida de su santuario sirio-iraquí con una campaña terrorista con vocación global”.

Para Rohan Gunaratna, especialista en grupos extremistas del sudeste asiático de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur, “EI se ha extendido por todo el mundo. Y la red de EI en Sri Lanka es responsable de este ataque.

“Algunas personas radicalizadas del National Thowheeth Jama’ath se han unido al EI, pero no todos. Ahora dirigen las operaciones del EI en Sri Lanka, con vínculos con el grupo EI en Siria”, añade.