No pasó demasiado tiempo del inicio del 2017 para que los republicanos anunciaran lo que ya habían amenazado.

La semana pasada los republicanos del nuevo Congreso comenzaron a esbozar el desmantelamiento del sistema de salud instaurado por el presidente Obama. El objetivo de Trump se vincula con la armonía ideológica de la derecha del Partido Republicano y representaría despojar del seguro médico a decenas de millones de estadounidenses.

Esto sucedería en medio de una insultante y creciente desigualdad de ingresos entre los ciudadanos de nuestro país. Pronto percibiremos algunos de los resultados de la política sustentada en la rentabilidad. Por ejemplo, en zonas rurales veremos el cierre de hospitales por su quiebra financiera, dejando a millones de estadounidenses sin la posibilidad de ser atendidos. Algo más: privatizar el Medicare se traducirá en un incremento en el precio de los medicamentos por parte de las farmacéuticas porque ellas sólo se rigen por su avaricia.

Para ser claro: lo que prepara el equipo de Trump para que firme el primer día de su gobierno (decisión ejecutiva para comenzar a desmantelar el Obamacare) sería devastador. Si los republicanos se salen con la suya, 30 millones de estadounidenses perderán su seguro médico, de ellos, 82% forma parte de familias trabajadoras.

Actualmente los niños reciben cobertura del seguro de sus padres, inclusive hasta los 26 años de edad. Pronto, un segmento de esa juventud quedará vulnerable ante accidentes o enfermedades.

Algo más: con la privatización del seguro popular Medicare las personas mayores de edad tendrán que pagar casi 50% por las primas de sus seguros, mientras los servicios del mismo serán menores.

En un tuit del 2015 Donald Trump prometió que sería el único candidato republicano que no recortaría planes de seguridad social ni seguridad médica. Otra mentira más del próximo presidente.