Debería de existir un reloj del fin del mundo en el Palacio de Miraflores, sede presidencial de Venezuela. El 10 de enero pasado, el presidente Nicolás Maduro tenía planeado juramentar su segundo mandato a pesar de las elecciones amañadas de mayo pasado. (Este texto fue escrito un par de días antes).

En su momento, países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, México y Argentina, prometieron no reconocer los resultados. (Actualmente, México ha dado un paso hacia atrás). La estrategia fue articulada para lograr el total aislamiento diplomático en contra de Nicolás Maduro.

Sin embargo, se espera que gobiernos latinoamericanos no recrudezcan sus medidas en contra de Maduro más allá de las promesas llamativas que anuncian sobre su ausencia en las festividades durante la toma de posesión.

A pesar de que el colapso de Venezuela ha provocado la salida del país de casi 3 millones de sus habitantes , sus vecinos están mostrando poco interés por lograr una respuesta clara frente al régimen.

¿Por qué existe el temor de actuar contra Maduro?

Hay varias razones de la inacción regional. El resentimiento de la injerencia europea y estadounidense es sensible para la identidad regional; los mandatarios dudan en juzgar a sus pares. Por ejemplo, a pesar de una notable ola de democratización en la década de 1980, existe una aceptación generalizada de la dictadura cubana.

También hay un problema de capacidad de respuesta, ya que la represión de Nicaragua contra la disidencia agrava la capacidad de movilización de la región.

Otro de los sucesos que han ocurrido en las últimas semanas es la elección de México, con la que el izquierdista López Obrador amenaza con desafiar la acción conjunta de la región frente a la crisis de Venezuela.

Bajo el mando del expresidente Enrique Peña Nieto, México abandonó su tradicional política de no intervención y ganó liderazgo dentro de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y del Grupo de Lima.

El viernes, el grupo endureció su postura en contra de la reelección de Maduro y amenazó con lanzar sanciones financieras. Pero históricamente estos países se han conformado sólo con la retórica de las declaraciones. Además, México parece estar acercándose a Caracas: López Obrador invitó a Maduro a su toma de posesión y se opuso a apoyar la línea más dura del Grupo de Lima, disminuyendo enormemente su influencia.

Sobre Washington, los dos que firmamos este texto trabajamos el tema de Venezuela en el Consejo de Seguridad Nacional en los últimos años; uno de nosotros para el presidente Barack Obama y el otro para el presidente Trump. Durante los últimos tres años, la Casa Blanca ha celebrado la creciente oposición a Maduro, pero no ha pedido más a los vecinos de Venezuela. Es decir, Estados Unidos también ha contribuido con la severa crisis política, económica y humanitaria de Venezuela.

Hora clave

Es hora de exigir más a América Latina. Específicamente, los gobiernos de la región deben adoptar sanciones unilaterales para castigar a los cleptócratas, cuyo robo, incompetencia y brutalidad han empobrecido a un país rico en petróleo.

Durante varios años, Estados Unidos han estado imponiendo sanciones a Venezuela, dirigidas a los narcotraficantes y violadores de derechos humanos del gobierno de Maduro, incluidos el propio presidente, el vicepresidente y la primera dama.

En noviembre del 2017, la Unión Europea también aprobó sanciones contra Caracas.

Pero en toda América Latina, sólo Panamá ha acordado sancionar a Venezuela. El resto de la región insiste en que sus manos están atadas por restricciones constitucionales.

Los mandatarios han rechazado las ofertas que abogados del gobierno de Estados Unidos les han hecho para ayudarlos a redactar leyes sobre sanciones.

En cambio, se parapetan en el escudo de las respuestas multilaterales, sabiendo que la OEA y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se encuentran bloqueados.

Los países latinoamericanos deben encontrar maneras de superar los obstáculos para la aplicación de sanciones, ya sea proponiendo nuevas leyes o identificando herramientas alternativas, como los procesos penales por lavado de dinero o narcotráfico que ocurrieron en sus jurisdicciones.

A diferencia de otras regiones, América Latina, marcada por una historia de dictaduras militares brutales, ha declarado la democracia como la única forma aceptable de gobierno.

Para cumplir con ese compromiso, los líderes latinoamericanos ya no deben tratar a Maduro como su contraparte. En cambio, a Maduro y a su círculo interno se les debe negar el acceso a los sistemas financieros latinoamericanos.

Los miembros de su régimen y sus familiares no deberían poder viajar a través de América Latina, ni con pasaportes oficiales ni como turistas. Sus embajadores deben ser declarados personas no gratas y regresar a casa.

Hay que hacerlo.

Los autores han trabajado en temas de seguridad en las administraciones de los presidentes Obama y Trump; Gedan actualmente labora en el  Centro Woodrow Wilson; Cutz, en el Grupo Cohen.