Ivanka Trump viajó a Corea del Sur representando al presidente de Estados Unidos en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno; sin embargo, no pudo evitar ser identificada como la famosa hija de Trump.

Volando sobre el Pacífico, rumbo a Corea del Sur, Ivanka estudió de manera pormenorizada un reporte que ella misma pidió al Consejo de Seguridad Nacional sobre varios temas: la amenaza nuclear, rasgos del presidente surcoreano Moon Jae-in así como los pasatiempos de su esposa.

Ivanka y su equipo realizaron una serie de ensayos sobre posibles encuentros que podría tener, incluido por supuesto, la escena en la que un funcionario norcoreano le extendiera la mano.

“No me gusta dejárselo todo al destino”, dijo Ivanka, de 36 años, a The Washington Post durante una entrevista.

A la hija del presidente le gusta tener el máximo control de los eventos a los que asistirá a diferencia de su padre, siempre impulsivo y despreocupado.

Por el momento, Ivanka, cuyo nombre se ha convertido en una identidad de marca, controla cada vez menos el mundo que habita.

La Casa Blanca está en crisis permanente. Sus colegas están filtrando anécdotas dañinas sobre su persona y su esposo Jared Kushner; las tensiones entre la pareja y el jefe de personal John F. Kelly se están intensificando; y por si falta algo más, la oscura nube del fiscal especial Robert Mueller (quien investiga la posible injerencia rusa en las elecciones presidenciales del 2016), amenaza en convertirse en aguacero.

De acuerdo con varias versiones, su viaje a Corea del Sur fue todo un éxito y, posiblemente, ayudó a sentar las bases para la sorpresiva decisión que su padre tomó la semana pasada sobre sentarse en la misma mesa con el líder norcoreano, Kim Jong-un, muy pronto.

Sin embargo, el arroz negro lo tuvo cuando el corresponsal de NBC News, Peter Alexander, le preguntó sobre si ella cree en las acusaciones de tipo sexual que pesan sobre su padre; Ivanka respondió en dos momentos. Primero calificó a la pregunta como “inapropiada”, y posteriormente, le confesó que no creía en ellas.

La reacción de Ivanka ilustra la manera en la que intenta navegar a través de su doble papel: hija y asesora del presidente.

“Sigue siendo su niña”

Ivanka, una ejecutiva de negocios y madre de tres hijos, ingresó a la administración del presidente como asesora. En su primer año, trabajó para ayudar a sumar votos en el Congreso, en especial, en lo que se refiere a la reforma fiscal. Las partidas del presupuesto en las que trabajó con ahínco fueron las correspondientes al crédito tributario para la infancia, la educación científica y tecnológica, entre otras.

En los últimos meses, la tensión entre Ivanka y Kelly (jefe del gabinete de Trump) se ha profundizado, comentaron a The Washington Post funcionarios de la Casa Blanca que pidieron el anonimato.

John Kelly se ha sentido frustrado por la dualidad de Ivanka y Kushner, es decir, con vínculos familiares hacia el presidente, pero al mismo tiempo, también laborales.

El propio presidente ha azuzado las tensiones entre su jefe de gabinete y su familia; le ha dicho a Kelly que lo mejor que Ivanka y su esposo tendrían que hacer es regresarse a Nueva York, ya que estarían protegidos del sangriento deporte que se practica en Washington. Al mismo tiempo, no serían un blanco para los medios que siempre tienen sus lentes dirigidos hacia la pareja, comentaron funcionarios de la Casa Blanca.

A los ojos del presidente, “Ivanka sigue siendo su niña”, reveló un confidente.

El poder de Javanka

A Ivanka y a Kushner se les conocen simplemente como Javanka, un apodo al que la pareja considera despectivo y que, especulan, fue acuñado en las primeras etapas de la Presidencia por sus rivales, como el entonces estratega Stephen K. Bannon.

A Ivanka le molesta que ella y su esposo sean vistos como una sola unidad, en parte, porque sus roles son distintos. (Las tareas de Kushner incluyen el intento de intermediar en la paz de Medio Oriente, la relación de Estados Unidos con México y la reestructuración de las cárceles nacionales).

Actualmente, Kushner está atrapado en la investigación de Mueller sobre la posible injerencia rusa, deudas en negocios inmobiliarios de la familia, y su trabajo siempre está en constante escrutinio público.

El mes pasado, Kelly echó mano de su poder para instituir grados de seguridad entre los que interactúan con el presidente (colocó límites en cuanto a la disponibilidad de información top secret); degradó a Kushner (a secret) y muchos leyeron su decisión como un juego de poder para ajustar pendientes, es decir, el yerno del presidente y Kelly han chocado en varios frentes.

A diferencia de su esposo, Ivanka no ha perdido el libre acceso a información “top secret”; no se sabe con claridad cuál es la frontera de sus límites de seguridad.

Al abordar el tema de la tensión entre ella y su esposo con Kelly, Ivanka comentó: “Uno de sus primeros comentarios que me dijo fue: ‘Eres familia y es parte de la razón por la que el presidente está aquí’. Él entiende el rol de la familia y dejó claro que no quiere meterse en ese tema. Sin embargo, él también necesita asegurarse el rol que nosotros tenemos como asesores”.

Dardos en contra de ella

Para políticos de ambos partidos, Ivanka ha decepcionado al no haber reaccionado ante la decisión que tomó su padre de retirarse de los Acuerdos de París y sobre el tema de los acosos sexuales generalizados.

“Cuando la gente pregunta: ‘¿En dónde está Ivanka y por qué está callada en X, Y y Z temas?’, no entienden cómo funciona la Casa Blanca”, dijo Ivanka. “Ningún miembro del ala oeste debería tuitear cosas que contradicen la política de la Casa Blanca”.

Ivanka ha dicho en privado que cuando llegó a Washington fue ingenua. No estaba preparada para las luchas internas de la Casa Blanca. No fue hasta la contratación del vocero Josh Raffel, en abril pasado, cuando ella y su esposo se movilizaron para proteger sus reputaciones.

El consejero de seguridad nacional, HR McMaster, dijo: “Ivanka representó hábilmente a nuestro país y dinamizó nuestros objetivos diplomáticos en la región”. Se refería a su viaje a los Juegos Olímpicos. Cuando regresó a Washington, entregó a su padre un mensaje del presidente surcoreano. El proceso de charlas con Corea del Norte se encuentra en marcha.