Belfast. El gobierno de coalición de Irlanda del Norte dejó de lado las diferencias entre facciones la noche de ayer 8 de abril, para pedir calma, después de que la frustración entre los unionistas probritánicos por las barreras comerciales posteriores al Brexit desencadenó una de las peores olas de violencia en la región en años.

A pesar de los llamamientos, los choques se extendieron a las áreas nacionalistas irlandesas ayer por la noche, donde la policía respondió con cañones de agua a ataques con bombas de gasolina y piedras.

Cientos de jóvenes en Belfast, la capital de la provincia británica, prendieron fuego a un autobús secuestrado y atacaron a la policía con piedras el miércoles.

En una semana de violencia, han sido heridos 55 agentes de policía y niños de 13 y 14 años han sido arrestados por disturbios.

"Estamos profundamente preocupados por las escenas que todos hemos presenciado en nuestras calles", dijo en un comunicado la coalición, encabezada por rivales nacionalistas católicos proirlandeses y unionistas protestantes probritánicos.

"Si bien nuestras posiciones políticas son muy diferentes en muchos temas, todos estamos unidos en nuestro apoyo a la ley y el orden", dijo el comunicado.

El primer ministro británico Boris Johnson envió a Belfast a su ministro para Irlanda del Norte, Brandon Lewis, para conversar con líderes políticos y comunitarios en un intento por calmar la situación.