La Paz. Un hueco en el piso y sillas rotas en la calle es lo que queda de dos recientes explosiones en la ciudad boliviana de Oruro, que dejaron 12 muertos y 48 heridos en hechos sin precedentes en la historia reciente del país.

En Bolivia no hay guerrilla ni grupos violentos activos, excepto esporádicos ajustes de cuentas entre narcotraficantes. Los antecedentes más cercanos de ataques con bombas se remontan a la última dictadura militar (1980-1981).

Hasta ahora nadie ha reivindicado las explosiones y dos días después del último estallido el gobierno y la policía no tienen pistas certeras y han declarado reserva en la investigación.

El fiscal Mario Rocha dijo en una entrevista con The Associated Press que en la primera explosión no se recolectaron restos metálicos de la bombona de gas doméstico. “Se han colectado elementos que están siendo analizados en laboratorio químico para saber si son restos de explosivos. No se descarta nada, ni siquiera un posible móvil político. Todavía estamos en las pericias y no hay plazos”, agregó.

También mencionó que no hay detenidos relacionados con el caso.

La primera explosión ocurrida el sábado, que dejó ocho muertos, fue atribuida por la policía a la incorrecta manipulación de una bombona de gas licuado por parte de una vendedora callejera de comida, pero en la segunda explosión se confirmó que se usaron 3 kilos de dinamita que mataron a cuatro personas.

Las autoridades han puesto en duda la hipótesis de que hayan sido explosiones accidentales y buscan una conexión entre ambas, indicó el ministro de Defensa, Javier Zavaleta.