Teherán. El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, llegó ayer a El Cairo como el Primer Jefe de Estado iraní en visitar Egipto desde que las dos naciones terminaron sus relaciones diplomáticas en 1980, en otro signo de los cambios regionales provocados por la Primavera Árabe.

Pero aunque los lazos de ambos países se han descongelado desde el derrocamiento del autócrata egipcio Hosni Mubarak, las principales diferencias -incluidos sus diferentes puntos de vista sobre el conflicto en Siria- hacen que la perspectiva de relaciones completamente restauradas sea aún distante.

Ayer, estas diferencias fueron dejadas de lado por un momento al descender Ahmadinejad de su avión y ser recibido a besos por el presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi. Los dos caminaron por una alfombra roja flanqueada por los altos dignatarios del gobierno al mismo tiempo que resonaban los dos himnos nacionales y luego se reunieron en el interior del aeropuerto de El Cairo. Allí, según los medios estatales, discutieron las maneras de fortalecer sus relaciones y resolver la crisis siria.

Irán cortó relaciones diplomáticas con Egipto en 1980 cuando Mubarak, quien cultivó lazos con Occidente, reconoció a Israel y desconfió profundamente de la influencia de Teherán.

Al salir de Teherán hacia El Cairo, donde tiene previsto asistir a una conferencia islámica, Ahmadinejad expuso a los periodistas que su objetivo era tratar de preparar el terreno para la cooperación entre las dos grandes naciones de Irán y Egipto .

Los países, que buscan una mayor influencia regional, tienen razones para construir relaciones.

Sus gobiernos comparten la oposición al Estado de Israel y un gran interés en el conflicto sirio. Morsi, quien trata de abrir un camino totalmente diferente al de la política exterior de Mubarak, se ha comprometido a tomar las decisiones nacionales e internacionales independientes de la presión de Washington.

Irán, un país de mayoría chiíta, en una región donde el Islam sunita es ascendente, trata de forjar nuevas alianzas al desbaratarse sus viejas coaliciones, con un Estado sirio en franca desintegración y el movimiento palestino, Hamas, que se ha distanciado de Irán.