Mientras cursaba el séptimo semestre de la carrera ya se empezaba a hablar de los preparativos para la graduación. En octavo, una de mis amigas me convenció para que entrara al Comité de Graduación, y así, junto con otros cuatro compañeros, empezáramos a organizar la graduación de nuestros sueños.

Al inicio, parecía algo beneficioso; varias banqueteras aquellas empresas que se encargan de generar paquetes de eventos sociales de graduación y de ser intermediarios con los salones conseguían nuestros números telefónicos, nos ofrecían diferentes paquetes y, sobre todo, beneficios que nosotros, como organizadores, tendríamos por encima de los demás graduados.

Cada banquetera intentaba igualar o mejorar los precios y ventajas que ofrecían las otras; nos invitaban a graduaciones para ver su trabajo y nos pasaban el número de comités de otras carreras para pedir referencias. Al final, firmamos con una en donde mi amiga había trabajado anteriormente y, por su experiencia, parecía funcionar bien.

Para los seis que integrábamos el Comité de Graduación, los beneficios que nos ofrecía esta banquetera constaban de boletos de cortesía, un viaje para cada uno a Puerto Vallarta (todo incluido), prefiesta en un antro de la Ciudad de México gratis y un colchón.

El banquetero de cuyo nombre no quisiera acordarme era muy amigable y accesible con nosotros; nos animaba a aumentar el número de invitados para tener más boletos o hasta ganarnos un viaje adicional. Además, para evitar problemas como un posible robo, y por nuestra seguridad, esta persona se ofreció a pasar siempre a la facultad por el dinero que fuéramos juntando. Jamás dejó que nosotros le depositáramos algo, sobre todo porque eran sumas fuertes de dinero; todo lo quería en efectivo, sin justificar el porqué.

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Paquetes de graduación y otros demonios

Astrid Téllez Aguilar, directora general de Quejas y Conciliación de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), explicó que existen dos grandes rubros que la Profeco tiene regulados: por un lado, los paquetes de graduación que tienen que ver con artículos como anillos, diplomas y fotografías; y por otro, los eventos sociales, en los cuales las banqueteras ofrecen un servicio especializado para la noche de graduación.

Ambos servicios se encuentran regulados en cuanto a sus elementos de información en la Norma Oficial Mexicana 174. En ésta, los proveedores están obligados a informar claramente sin necesidad de un pago previo acerca de las características, especificaciones, duración del evento, días y horarios en que atienden así como las formas de pago, anticipos, políticas de cancelación, términos y condiciones.

Astrid Téllez advirtió que, a diferencia de las empresas que venden paquetes de graduación, las banqueteras de eventos sociales están obligadas a registrar su contrato de adhesión en la Profeco. En éste, las banqueteras determinan las cláusulas pero, por medio de la adhesión, la Procuraduría vigila que no tenga cláusulas abusivas que afecten a los consumidores.

Las banqueteras, a su vez, están obligadas a incluir en el contrato el número de registro de éste en la Profeco, el cual puede consultar cualquier persona en burocomercial.profeco.gob.mx. Asimismo, en la misma página se puede consultar si la banquetera tiene quejas o sanciones y los motivos de éstas.

Es esencial documentar todo

Con el paso del tiempo, empezaron a surgir problemas. Primero, la relación que teníamos con una de las chicas del comité no era perfecta y varias veces peleábamos porque no seguía nuestras indicaciones; no daba recibo a los graduados que le pagaban boletos, daba preferencias a sus amigos y se quedaba con grandes cantidades de dinero.

Después vinieron las incongruencias por parte del banquetero, quien ya no pasaba por el dinero a la Facultad, sino que mandaba en su lugar a la tesorera, quien se tenía que trasladar a ciertos puntos de la ciudad para entregarle el dinero en efectivo. Asimismo, caímos en el hecho de que el precio del boleto por el cual firmamos no traía incluida la prefiesta, a pesar de que se nos había vendido con esa promesa.

A un mes de la graduación, tuvimos el primer problema fuerte: resultó que la chica con quien no teníamos buena relación fue asaltada y perdió alrededor de 70,000 pesos de los graduados que le pagaron. A pesar de que nadie le creía, los demás miembros del comité renunciamos al colchón que teníamos y a cortesías para pagar. Terminamos nuestra relación con ella de mala manera y el único con el que seguía teniendo contacto era con la persona de la banquetera.

Arreglado el problema, era momento de hacer cuentas finales. Nos reunimos con la banquetera y sacamos todos los recibos de pagos saldados que teníamos, pero, al parecer, faltaba uno; alguien no había entregado todo el dinero o nos habían robado: faltaban poco más de 50,000 pesos.

La persona de la banquetera fue muy amable en recordarnos que habíamos sacado a la otra chica del comité, así que ahora teníamos que pagar esa cantidad únicamente entre nosotros cinco, sin importarle si el faltante que había pudiera ser de ella o no. Además nos dejó claro que, si no pagábamos, nosotros cinco nos quedaríamos sin graduación.

Al contratar un servicio, uno no piensa en que éste salga mal, por lo cual Astrid Téllez recomendó que, para prevenir cualquier abuso o malentendido, se pida copia del contrato a la banquetera así como documentar los pagos que se vayan haciendo.

En el caso del Comité de Graduación, que son quienes firman, las concesiones ofrecidas a ellos no están reguladas; éstas suelen ser prácticas de los proveedores para persuadir y mejorar la oferta de otras banqueteras, por lo cual es de suma importancia informarse antes de tomar alguna decisión precipitada. En dado caso de que los chicos a cargo no entreguen el dinero, eso ya no le compete a la Profeco, sino a lo penal.

En este caso, cada uno de los que conformamos el comité empezamos a ver opciones para pedir préstamos y solventar la deuda. Al final, con la presión ejercida por el personal de la banquetera, decidí que mi mejor opción era ya no asistir a la graduación y renunciar a los beneficios que se me habían otorgado.

Por su parte, mis compañeros decidieron endeudarse con la hermana de mi amiga, que les prestó el monto total que se debía, con la ventaja de que, a pesar del tiempo que tarden en pagar, no les generará interés. Lo último que supimos de la otra chica que asaltaron es que se compró un iPhone 6 y fue al concierto de Madonna, mientras que los de la banquetera volvieron a contactar a mi amiga, pero ahora para pedirle que diera malas referencias de otra banquetera, a la cual no contratamos.

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