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En ocasiones los límites son buenos
En las inversiones debemos delimitar la ganancia y la pérdida que estamos dispuestos a tomar.
Además de saber el monto, siempre que vayamos a invertir debemos decidir cuánto queremos ganar y hasta dónde estamos dispuestos a perder.
Seguramente su primer pensamiento será: Quiero una ganancia infinita y perder... ¡nada! Por supuesto esto es lo que todos deseamos pero desgraciadamente esto es imposible. Lo que debemos saber es que todo tiene un riesgo.
Vivir es arriesgarse todos los días. Nunca sabemos qué es lo que nos va a pasar y aunque tomamos precauciones, existen muchos elementos que no controlamos.
Se planean las vacaciones. Nos imaginamos tomando una piña colada bajo el sol y cenando a la luz de la luna, al llegar no sólo está nublado, está cayendo el segundo diluvio. Lo peor es que éste dura todas las vacaciones.
No había manera de prever este incidente ¿o sí?
Lo mismo pasa en las inversiones, a pesar de haber estudiado perfectamente nuestras opciones, los pronósticos económicos y las expectativas, no podemos predecir un ataque terrorista o una catástrofe natural que tenga impacto en los mercados.
Existen formas de reducir los riesgos, por lo menos al invertir. Cuando iniciamos un negocio, sabemos que al principio tendrá pérdidas, sin embargo, debemos poner un límite, ya sea en tiempo o en dinero, de lo contrario quedaremos en bancarrota si nuestro producto o servicio no se vende como esperábamos. En las inversiones debemos delimitar la ganancia y la pérdida que estamos dispuestos a tomar.
¿Por qué limitar la rentabilidad?
Los mercados tienen volatilidad, es decir, temporadas de alza y otras de baja. Supongamos que hoy una acción que compramos tiene una ganancia de 50% cuando nuestra expectativa era sólo ganar 20 por ciento.
No tomar utilidades sería equivalente a dejar pasar la oportunidad de vender nuestra casa en el doble de lo que la compramos. Aunque el título que tenemos pueda seguir incrementando su precio, llegará un momento en que baje y como no sabemos cuándo sucederá, lo conveniente es retirarnos antes con una buena ganancia.
De igual forma si la acción en la cuál invertimos cae más de lo que nos hace sentir cómodos, debemos estar dispuestos a tomar la pérdida y cambiar de instrumento. De lo contrario podríamos pasar años esperando a que el precio suba. Es un desperdicio perder el tiempo luchando por una causa perdida.
Nuestros parámetros de rentabilidad o pérdida deben ser claros en cuanto al monto y al tiempo. Si estamos dispuestos a dejar nuestra inversión en una acción durante un año y después de haber transcurrido este plazo aún se encuentra en el mismo precio, debemos vender. Si permanecemos más tiempo nuestro costo será perder la oportunidad de destinar nuestro dinero a otro instrumento más rentable. La paciencia no es lo mismo que la inmovilidad.
Aunque sin duda siguiendo estas reglas podremos reducir nuestra exposición al riesgo, no hay que olvidar que la diversificación es la mejor estrategia para invertir. Siempre es recomendable tener un porcentaje en acciones, otro en deuda y algo en dólares, de esta forma si el peso se deprecia pero el IPC sube, podremos limitar nuestra pérdida o incluso ganar.
A pesar de que esto suena muy complicado, no lo es tanto, existen fondos de inversión diversificados que nos permiten seguir una estrategia de éste tipo sin que tengamos que ser expertos.
Adicionalmente me gustaría recordarles algunas reglas básicas:
1) A mayor riesgo, mayor rendimiento. Les recuerdo que nadie da nada por nada.
2) A mayor plazo, mayor riesgo. Por supuesto no es lo mismo prestar dinero que nos devolverán en un mes, a hacerlo a cinco años.
3) Invertir en acciones nos expone a una mayor volatilidad que hacerlo en deuda.
Al conformar su cartera también es importante tomar en cuenta que:
1) El dinero que necesitamos de inmediato, debemos invertirlo en instrumentos de deuda seguros y de corto plazo.
2) Disciplina. Si definimos que la inversión es de largo plazo, debemos apegarnos a esta decisión, sin importar lo que pase en el corto. Es muy común dejarse llevar por el pánico o rumores, ésta es la mejor forma de perder.
A pesar de que no controlemos las condiciones climáticas, no hagamos de la lluvia en la playa un desastre. Debemos tener un plan alterno y hacernos a la idea de que a pesar de que regresaremos con el mismo color amarillo oficina que teníamos, podemos divertirnos atravesando charcos, yendo al Spa o si nuestro presupuesto lo permite, cambiarnos a una playa soleada.
*La autora es Directora de Comercialización Asset Management BBVA Bancomer.