Desearía que los políticos del mundo dejaran de darse crédito por el crecimiento económico, que ocurre a pesar de ellos, no gracias a ellos.

Zaid Abdelnour, financiero libanes

Este martes tuve la oportunidad de presentar una conferencia con motivo de la XXXI Semana del Economista, en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas de la Universidad de Guadalajara.

El tema de la conferencia fue explorar los factores globales que afectan y afectarán el futuro desempeño de la economía mexicana.

Entre varios temas, abordé el relativo a las distorsiones que a nivel internacional genera el exceso de liquidez, producida por las medidas de política monetaria y estímulos generados por los principales Bancos Centrales del mundo, para reactivar las economías después de la crisis del 2008.

Los Bancos Centrales, como la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), El Banco Central de Inglaterra (BoE) y el Banco Central de Japón (BOJ) tomaron dos medidas: La primera fue bajar las tasas de referencia con lo cual todas las tasas (de interés a los créditos, pero también de rendimiento a las inversiones) cayeron significativamente; la segunda, fue que inyectaron dosis masivas de liquidez a sus economías, pero en general a la economía mundial.

Tan sólo la Reserva Federal inyecto 3.5 trillones de dólares a través de la compra de bonos. Para que se comprenda mejor el concepto, ello es el equivalente a que el Banco de México (Banxico), hubiera comprado a los inversionistas, instrumentos de deuda del gobierno mexicano, para que, al tener recursos en vez de estos instrumentos de inversión, se favoreciera que se canalizaran esos recursos como inversión productiva que apoyara el crecimiento de la economía.

Si bien en principio es claro que dichos estímulos permitieron a los países recuperarse más rápidamente de la crisis financiera, la realidad es que también se generaron distorsiones de una magnitud aún por determinarse.

En un reporte publicado por la consultora McKinsey, se señala que el efecto de tasas bajas prolongado desde el 2008 a la fecha, ha afectado particularmente a los hogares, ya que, al disminuir las tasas, también lo hizo la propensión al ahorro ante los muy bajos niveles de rendimiento.

En especial, este reporte indica que ello puede haber contribuido a un crecimiento de la desigualdad, porque son los sectores de menores ingresos los más afectados por el bajo nivel de tasas. Este efecto negativo impacta particularmente a las personas de mayor edad que reciben pensiones derivadas de mecanismos privados de inversión.

Otro fenómeno asociado, que podemos observar puntualmente en el caso de México, fue que, la reducción de tasas mundiales implicó para la mayoría de los gobiernos una disminución de los intereses a pagar por sus deudas; pero en muchos casos, más que aprovechar esta circunstancia para disminuir las presiones fiscales, fue motivo para incrementar el nivel de endeudamiento, en parte también para mantener los incentivos a la economía.

La mayoría de los países vieron crecer exorbitantemente sus niveles de deuda; tanto, que hacen aparecer la deuda de México; que ha crecido a 50% como proporción del Producto Interno Bruto; menor en comparación con deudas como la japonesa que rebasa 200% o la norteamericana que es superior a 100 por ciento.

Finalmente, resalté el que buena parte de los incentivos creados por los bancos centrales no se tradujeron en inversión productiva. Una parte se convirtió en una enorme liquidez financiera que, buscando mejores retornos por la inversión, se mueve de país en país, de región en región, generando por su volumen desequilibrios que afectan a las economías locales.

En el escenario mundial actual y ante las particularidades de la economía mexicana, un escenario de crecimiento elevado es prácticamente impensable. Por ello es imperativo que en México tome las decisiones necesarias (con miras en el largo plazo) para mantener los equilibrios que le permitan tener un crecimiento real sostenido, que se traduzca en el bienestar económico de las familias; evitando que el endeudamiento excesivo y sus consecuencias como la inflación, vuelvan a destruir la capacidad de compra de los hogares.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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