En México, el endeudamiento es una práctica recurrente, tanto en su modalidad formal (es decir, con instituciones bancarias u otros prestamistas) como informal, relacionada con préstamos de amigos o familiares.

Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2015, alrededor de 41.3 millones de personas tienen algún tipo de crédito y de éstas 2.1 millones utilizaron el préstamo para saldar otro adeudo.

Más allá del mal hábito que podría conllevar el endeudamiento, los gurús de las finanzas personales también destacan que los préstamos pueden ser una herramienta sumamente útil siempre y cuando se utilicen responsablemente y parte de ello es conocer qué costos tendremos que absorber como deudores cuando solicitamos un financiamiento.

Cuando se habla del costo que tiene una deuda, es probable que, en primera instancia, pensemos en el pago de intereses y, sí, es el precio que afectará de manera más directa a nuestras finanzas personales.

Sin embargo, hay otro tipo de consecuencias que debemos tomar en cuenta y planificar antes de solicitar un financiamiento, sobre todo aquellos que son de largo plazo, como los créditos hipotecarios o para la adquisición de automóviles.

Determinando el costo financiero

A decir de Raúl Aceves, asesor financiero independiente, el primer costo que debe tener en cuenta una persona es el de los intereses, específicamente sobre cómo se calculan.

“En una tarjeta de crédito, por ejemplo, si nos endeudamos y no pagamos nuestros saldos totales o a meses sin intereses, nos enfrentaremos a la tasa de interés pactada en nuestro contrato”, explicó.

Asimismo, agregó, hay que tener en cuenta otros posibles costos que pudieran originarse por retrasos, más allá de los intereses, como los gastos de cobranza que se cargan al usuario en caso de que caiga en mora.

Para evitar pagar de más en una deuda, dependiendo del tipo de producto, hay que tener claros conceptos como la fecha de pago, la tasa de interés, si es posible aportar a capital y sobre qué condiciones (específicamente hablando de hipotecas) así como el pago para no generar intereses (el importe de consumos generados en el periodo) y el pago mínimo global.

No olvide el costo de oportunidad

Un rubro que no todos contemplan al endeudarse, advierte Raúl Aceves, es el efecto que tiene un endeudamiento en el presente para los proyectos de corto, mediano y largo plazos.

Esta consecuencia podría calificarse como costo de oportunidad; en el ámbito bursátil, este término se refiere a optar por una inversión más atractiva que otra, lo que supone cierto sacrificio de una opción en pro de la promesa de un mayor beneficio.

De ahí que el costo de oportunidad sea algo que podría aplicarse al endeudamiento, según Raúl Aceves, dado que el dinero que podría utilizarse para un proyecto patrimonial en el futuro, como adquirir una casa o poner un negocio, se utilizará para saldar la deuda de un capital que, además, es probable que ya se haya gastado.

Incluso en compras realizadas a meses sin intereses, que normalmente se consideran como préstamos gratuitos, hay un costo de oportunidad que el usuario está asumiendo; si bien en créditos cortos el costo de oportunidad podría ser bajo, al pagar una pantalla a 48 meses, por poner ejemplo, la consecuencia es importante, ya que se está comprometiendo durante mucho tiempo. Este costo es algo que puede evitarse, matizó el especialista, pero sólo mediante una minuciosa planeación de los pagos de la deuda.

“Cuando se trata de endeudamientos de largo plazo, como los requeridos para la adquisición de una casa, lo ideal es no tener otros compromisos financieros simultáneamente para que no se haga pesado”, expuso.

De ahí que haya que tener muy presente tanto el plazo de nuestra deuda como su monto e incluir estos rubros en un presupuesto mensual, en el cual el pago de pasivos no ocupe más de 30% de nuestros recursos mensuales.

Presupuesto y fondo de emergencias

Asimismo, el experto recomienda contar con un fondo de emergencias si ha solicitado un préstamo, debido a que, si debe afrontar algún imprevisto como un escenario de desempleo o emergencia médica, lo menos recomendable es tener que pedir otro crédito, ya que lo más probable es que termine incumpliendo con ambos compromisos y deba pagar los intereses derivados de ello.

Esto cobra relevancia tomando en cuenta que 20.1% de los mexicanos que solicita un crédito lo utiliza para solventar gastos de su salud y 12.9% para imprevistos en general, y, aún peor, 34.7% usa estos montos para pagar gastos diarios, como comida o pago de servicios.

“Tener un presupuesto y ver si en éste hay un margen para endeudarse debería ser lo primero que haga la gente antes de solicitar un préstamo; si tiene un excedente de ingresos para pagar un crédito, adelante. De lo contrario, es como ponerse a sí mismo una soga al cuello”, dijo.

juan.tolentino@eleconomista.mx