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Mundial 2026: por qué la derrama futbolística no moverá la aguja del PIB

Aunque el torneo aportará un leve impulso de hasta 0.3 puntos porcentuales al PIB, su beneficio será marginal ante los desafíos estructurales de México.

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La Copa Mundial de la FIFA 2026 representa una oportunidad importante para México, pero conviene dimensionar adecuadamente sus alcances.

Aunque el torneo generará una derrama económica relevante y beneficiará a diversos sectores, su impacto sobre la economía nacional será positivo, pero relativamente moderado, especialmente si se compara con los desafíos estructurales que enfrenta el país.

México será sede de 13 partidos del Mundial, distribuidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Este evento atraerá visitantes nacionales e internacionales, impulsando temporalmente actividades relacionadas con turismo, transporte, hospedaje, restaurantes, entretenimiento y comercio.

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La derrama económica asociada podría ubicarse entre 4.2 y 6.1 mil millones de dólares, una cifra significativa para las ciudades anfitrionas y para las empresas vinculadas al sector servicios.

Sin embargo, el tamaño de la economía mexicana obliga a poner estas cifras en perspectiva. Aunque el Mundial generará una mayor actividad económica durante algunos meses, su contribución al crecimiento agregado del país sería relativamente limitada.

Las estimaciones apuntan a un impacto de entre 0.1 y 0.3 puntos porcentuales sobre el PIB de 2026, un efecto positivo, pero insuficiente para modificar de manera sustancial la trayectoria de crecimiento de la economía nacional.

Parte de los beneficios ya comenzaron a materializarse a través de inversiones en infraestructura, adecuaciones urbanas y mejoras en movilidad y conectividad. Estas obras generan actividad económica y empleo, además de contribuir a la preparación logística del evento.

No obstante, a diferencia de otros mundiales donde se construyeron estadios e infraestructura desde cero, México cuenta con una base instalada mucho más desarrollada, por lo que el volumen de inversión asociado al torneo es relativamente menor.

Los sectores que probablemente registren mayores beneficios serán los grupos aeroportuarios, las aerolíneas, los hoteles, los centros comerciales y algunas empresas vinculadas al entretenimiento y consumo.

Asimismo, la exposición internacional derivada del torneo podría fortalecer la imagen de México como destino turístico y de negocios, aunque los efectos de largo plazo dependerán de la capacidad para capitalizar esa visibilidad una vez concluido el evento.

Por otro lado, el Mundial llega en un contexto económico complejo. La incertidumbre asociada a la revisión del TMEC, la desaceleración de la actividad económica y las tensiones geopolíticas globales seguirán siendo factores mucho más determinantes para el desempeño económico de México que el propio torneo.

En este sentido, el Mundial 2026 debe entenderse como un impulso coyuntural más que como un motor estructural de crecimiento. Su principal valor económico radica en apoyar temporalmente la actividad de ciertos sectores y generar una mayor visibilidad internacional para el país.

El verdadero desafío será aprovechar esa ventana de oportunidad para fortalecer la competitividad, atraer inversión y consolidar proyectos que generen beneficios permanentes más allá de las semanas que dure la competencia.

Por Janneth Quiroz Zamora, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex

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