En la red de 45 tratados comerciales firmados por México con el mundo no aparece por ningún lado el nombre de Corea del Sur. Pareciera entonces que un TLC entre las dos potencias regionales es innecesario cuando su comercio se ha incrementado 24 veces en los 54 años de relaciones coreano-mexicanas y pese a que dos de las compañías insignia de Seúl, LG y Samsung, desde hace 36 años han venido apostando sus inversiones en seis plantas de ensamblaje de electrónicos avanzados y en cerca de 10,000 empleos en tierra mexicana.

Pero escalar el Acuerdo de Asociación Estratégica para la Prosperidad Compartida México-Corea del año 2005 a un Tratado de Libre Comercio multiplicará las oportunidades de los dos países más allá del aspecto puramente mercantil. Aunque también pudiera crearle a México un dilema con Japón, el otro amigo del país en Asia con más de 400 años de amistad.

Un TLC Corea-México, es cierto, potenciará el comercio bilateral cifrado en 17,500 millones de dólares sólo para el año 2015 y elevará la preferencia de los productos tecnológicos de aquél país hacia éste con la disminución de los aranceles, por ejemplo para los teléfonos celulares, haciéndolos más accesibles al consumidor mexicano.

Un acuerdo de este rango también resultará beneficioso a Corea del Sur, abriéndole más la puerta a los mercados del continente americano donde México tiene preferencia de entrada: Canadá, Estados Unidos, Colombia, Perú o Chile, por ejemplo, son algunos de esos mercados.

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Y la infraestructura portuaria en proceso de transformación en ambas costas del país y también los puertos secos mexicanos pueden significar un aliciente para las empresas coreanas en sus intenciones de llevar sus productos más allá, hacia Europa, como ya lo han sido para la alemana Volkswagen en su camino hacia Norteamérica.

En reciprocidad, Corea del Sur daría a México el ingreso a su mercado de 50 millones de personas de fuerte poder adquisitivo y el know-how de cómo entrar al sureste asiático.

Más importante, un TLC coreano-mexicano agilizaría el movimiento de personas para la formación de capital humano de ambas partes y podría facilitar la transferencia de tecnología a México para lograr un desarrollo compartido entre estas dos naciones que ocupan los lugares 13 y 14 entre las economías más grandes del mundo, logrando entonces ese despegue mutuo de estas dos potencias medianas pero que están llamadas a ser relevantes en el plano mundial, como calificó la presidenta surcoreana Park Geun-hye en su visita de hace unos días al país.

En su historia compartida de 54 años, Corea y México han firmado 13 acuerdos entre los de cooperación científica, de tránsito, cultural o de turismo. El más antiguo es un acuerdo en temas culturales y data de abril de 1966.

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Ambas naciones son integrantes de organizaciones como la OCDE, el G20 y el APEC. Y juntos con Indonesia, Turquía y Australia quieren opacar a los BRICS con el MIKTA.

La balanza comercial México-Corea del Sur es negativa ininterrumpidamente para los mexicanos desde 1990. Entre los años de 1990 y 2011, ya con números innegables de la Secretaría de Economía, Corea y México comerciaron bienes y servicios por un acumulado de 110,619 millones de dólares y el saldo es deficitario para México con la cifra de 98,281 millones de dólares.

Este dato preocupa a la industria mexicana, que ve en Corea a empresas que pretenden instalarse en México por los beneficios de la planta logística y sin adentrar a sus operaciones a empresas locales.

México debe cuidarse de que ellos lo vean sólo como una plataforma de logística. Que haya algún tipo de beneficio mayor, como trasferencias de conocimiento. Corea quiere eso: aprovechar las oportunidades de logística y de tratados, porque construir televisores, autos, celulares, plantas de energía en Corea y llevarlas a Estados Unidos o Sudamérica sale muy caro, y saben que México les puede cambiar todo el panorama. La Concamin, la Canacintra ya han objetado un TLC, porque también observan que las coreanas no les gusta integrar a las proveedoras mexicanas a su cadena de valor. Todo eso es reto de México , dijo Adolfo Laborde, investigador del Tecnológico de Monterrey en temas de Asia-Pacifico.

México y Corea del Sur afianzan relación comercial

Entonces, México debe aprovechar el conocimiento tecnológico que ha llevado a Corea del Sur a ser potencia en la industria de la electrónica en todo el mundo con empresas como Samsung y LG, que rivalizan con Sony o Apple en la electrónica de consumo. Y además, buscar la manera de animar a las compañías de ese país a invertir en sectores estratégicos mexicanos, como las telecomunicaciones.

Para no estar rezagados por la era digital, México debe buscar adecuadas políticas económicas internacionales en tecnología e innovación, por lo que Corea representa un buen socio comercial, pues se destaca que según informes de la Oficina Europea de Patentes (EPO) Corea es el segundo país con más registros de patentes tecnológicas , comentó Sandra Rodríguez, directora de Jurídica en Telecomunicaciones.

Los mercados económicamente desarrollados como el caso de Corea se acercan a un punto de saturación al alcanzar altos niveles penetración tecnológica principalmente en la industria móvil, por lo que México representa un amplio mercado, máxime con una disminución arancelaría en la industria de fabricantes de equipos coreanos como Samsung o LG. Cabría la posibilidad también de una inversión directa en infraestructura que mejorarían la tan buscada penetración de servicios de telecomunicaciones , opinó la directora de Jentel.

Y que así como México todavía representa un prometedor mercado para empresas como LG, Samsung, Kia, Kepco, Daewoo, Posco, Kia y Hyundai en los sectores de telecomunicaciones, automotriz y de energía por las reformas estructurales, también Corea debe presentarse como una buena oportunidad para las multinacionales mexicanas.

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En más de 50 años de relación, son alrededor de 1,700 empresas coreanas las que contribuyen a la generación del empleo y de la productividad de la economía mexicana y la geografía del país está salpicada con sus plantas de armado de televisores, teléfonos, enseres de línea blanca, vehículos e industria pesada. Desde Mexicali y Reynosa, hasta Querétaro y el Estado de México existen fábricas coreanas que exportan a todo el mundo y surten al mercado nacional.

Parafraseando a las afirmaciones de la presidenta Park Geun-hye en su visita a México, este hecho es un resultado de la colaboración de ambas naciones que se ha originado bajo una armonía cultural. Crecer las relaciones comerciales, sin embargo, costará más trabajo.

Aquí, se vienen varios temas a debate. Está, por un lado, la industria que no quiere que lleguen por este enorme déficit comercial. Y también entra aquí un tema de con quién está la lealtad de México en Asia, porque con Japón es muy importante la relación: ellos han traído ya importantes inversiones; ya están en el Bajío con Mazda, Toyota y Sony está en el cariño de muchos mexicanos. Es esta, una relación de varios siglos , insistió Adolfo Laborde, del Tecnológico de Monterrey.

Es un hecho, los coreanos llegan tarde (a un TLC). El panorama es muy complejo. Y las competencias y los odios se revelan, porque existe una especie de rivalidad entre ellos. Ahora, parece que México le está apostando a ese acuerdo de complementariedad económica con Japón y si Corea quiere un TLC, muy seguramente va a tener que ser por el TPP y va tener que negociar con todos. Una vez más, México va tener que lidiar con esas rivalidades y dónde colocar su lealtad .

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