Durante 2019 el trabajo doméstico total realizado dentro de los hogares sin remuneración tuvo un valor económico equivalente al 22.8% del PIB mexicano; esto implica que si estas labores de limpieza y cuidados fueran pagadas aportarían a la economía incluso más que el comercio y la manufactura que aportan cerca del 19 y 17% respectivamente, de acuerdo a datos de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México 2019, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Históricamente la distribución de las tareas domésticas y de cuidados se recarga de manera desproporcional hacia las mujeres, que siguen haciendo casi el 75% del total de este trabajo no pagado, que además de valer cada vez más requiere también de más tiempo cada año. 

Aunque las mujeres (y tampoco los hombres) no reciben pago por limpiar sus casas, organizar o reparar y cuidar sus hijos o abuelos, todas estas actividades sí tienen valor si las realizará alguien ajeno a la vivienda; de modo que cada mujer en México recibiría en promedio 66,288 pesos al año por las labores realizadas.

La generación económica simulada es casi tres veces menor (24,289 pesos anules), ya que los hombres dedican significativamente menos tiempo al mantenimiento, limpieza y cuidado de sus hogares y familia.

El tiempo que la población, especialmente las mujeres, dedican a estas labores domésticas y de cuidados continúa creciendo. Sólo del 2013 a 2019 la jornada de trabajo en casa no pagada incrementó 6.6%, pasando de una media de 26.5 a 28.3 horas semanales. 

Esta situación preocupa, especialmente por la desigualdad en la distribución de tareas. En la teoría económica feminista, se habla de la pobreza de tiempo de las mujeres, que surge de su integración al mercado laboral pero sin aligerarse su carga de trabajo en casa, cumpliendo con “dobles jornadas”, excepto que reciben remuneraciones sólo por una de ellas. 

La mayor desproporción de género surge en actividades de primera necesidad: la alimentación y el aseo. En los hogares mexicanos las mujeres son quienes garantizan el 82.8% de la alimentación de los integrantes del hogar, para la limpieza y el cuidado de la ropa, el calzado y la vivienda la proporción es de 80.6% y para las actividades de cuidado a terceros la participación femenina es de 74.7 por ciento. 

Mujeres más vulnerables  

La desproporción del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es significativamente más pronunciada para las mujeres en situaciones vulnerables, como las más pobres, las que residen en zonas rurales o las que pertenecen a comunidades indígenas. 

Otras de las brechas importantes en la sobrecarga laboral femenina en México se define por la situación civil y la condición de maternidad, colectivos y organizaciones han insistido en la puesta en marcha de un Sistema de Cuidados que proteja los derechos de las mujeres y especialmente de las que se encuentran en estas situaciones. De acuerdo con las cifras del Inegi, el trabajo de las mujeres casadas, sin importar si trabajan fuera de casa o no, es de poco más del doble que el de las mujeres solteras. Y estas labores para las mujeres que tienen hijos menores es 1.5 veces mayor al de las mujeres que no los tienen.

Y, aunque la brecha por género en esta esfera de la economía no distingue nivel socioeconómico, escolaridad o código postal, las cifras reflejan la interseccionalidad de la problemática: mientras en el decil I, las mujeres más pobres generan cerca de 68,000 pesos anuales en promedio, en el décimo X, las mujeres más ricas generan alrededor de 56,500.