El acuerdo de adquisición de la totalidad de la refinería de Deer Park en Texas de Petróleos Mexicanos (Pemex) a Shell se puede interpretar como una afirmación a la intención de volver al predominio del Estado mexicano en distribución y control de precios de los hidrocarburos y sus derivados en el país, con las consecuencias y beneficios que ello traerá a los consumidores mexicanos.

Sin embargo, explicó a El Economista Carlos Ramos, socio líder de la Práctica de Energía del despacho legal Hogan Lovells, por ubicarse en Estados Unidos deberá someterse a las regulaciones de comercio exterior y competencia del país vecino del norte, con lo que se deberá invertir en seguridad y mantenimiento de la infraestructura y seguirá los estándares de rentabilidad en el mercado que hasta el momento ha tenido. 

Por una parte, el proceso de alrededor de 270,000 barriles diarios corresponde a la tercera parte de lo que actualmente produce Pemex Exploración y Producción de crudo pesado Maya, con lo que la empresa podrá llevar a cabo sinergias para el consumo entre filiales de su producto, pero con reglas de rentabilidad para Deer Park. 

“Podemos concluir que junto con los retrasos de permisos y la intención de ampliar la capacidad doméstica de refinación, se cierra la pinza del predominio del Estado en este mercado, dijo, “suena como una posibilidad importante que se consuma el crudo Maya de México, aunque no parece que formará la dieta total del crudo para proceso de esta planta, porque como ha ocurrido hasta ahora, deberá buscar el mejor precio para bajar costos y mantener la rentabilidad sin caer en competencia desleal, lo que resulta una operación sofisticada pero bastante común entre empresas petroleras que integran el upstream y la refinación”, dijo el experto. 

Sin embargo, en términos de precios de los combustibles en el país, el añadir al menos parcialmente los 110,000 barriles diarios de gasolinas que se elaboran en Deer Park a la actual producción de 263,000 barriles diarios de gasolinas de las seis refinerías del país, aumentarán las posibilidades de que el gobierno maniobre con los estímulos fiscales o subsidios que otorga a los consumidores, aunque igualmente existirán reglas que regirán el precio al que se vende la gasolina de Deer Park y la referencia del hub de Texas seguirá tomándose para la fórmula mexicana. 

El experto explicó también que hubiera esperado este anuncio antes de que iniciara la construcción de la refinería de Dos Bocas, o por lo menos una coinversión en alguna otra refinería ya existente por parte de la estatal mexicana. 

“Inmediatamente surge el cuestionamiento, ¿para qué una inversión tan cara y que no es tan rentable en el corto plazo, en un lugar tan complicado cuando puedes comprar a un precio mucho menor en Estados Unidos?”, dijo. 

Para el analista Ramsés Pech, luego de iniciar operaciones en Dos Bocas a lo largo de 2023 y si se logra remodelar las refinerías del país para que lleguen a un uso de su capacidad de 85% se podría incluso llegar a más de 700,000 barriles diarios de gasolinas producidos en el país, cuando la demanda interna oscila en 800,000 barriles diarios, con lo que cualquier producción que llegue de Deer Park, que puede ser de hasta 110,000 barriles en momentos necesarios y si la regulación lo permite, Pemex podría satisfacer en su totalidad el consumo de gasolinas en México. 

Sin embargo, hoy en día se utiliza menos de la mitad del porcentaje de capacidad para llegar a esta meta, además de que queda pendiente la oferta final que realice Pemex por la infraestructura de la refinería y que Shell la acepte, mencionó el analista.

karol.garcia@eleconomista.mx