La promesa de un mejor mañana necesita ir acompañada de un plan de acción bien estructurado que atienda las problemáticas más apremiantes de los ciudadanos, y esto es lo que se busca con el establecimiento de las smart cities. Las ciudades inteligentes son un proyecto que consiste en la inversión en capital humano y social, infraestructura tradicional y tecnologías disruptivas, con el objetivo de lograr un crecimiento económico sustentable y altos índices en calidad de vida.

La transición de una ciudad hacia el mercado de las smart cities no es una tarea sencilla, requiere del compromiso y buena gestión por parte del gobierno, pues es indispensable la reestructuración de las diversas áreas que generan un impacto en la vida diaria, las cuales incluyen, entre otras, automatización de la industria, seguridad, educación, vivienda y construcción, salud, transporte, agua y residuos.

Al momento de erigir ciudades inteligentes, es esencial la implementación de tecnologías para fomentar el crecimiento sustentable y el uso eficiente de los recursos que, en conjunto, y a largo plazo, serán los responsables de beneficiar a los ciudadanos, no sólo en el ámbito social, sino también en el económico.

En la labor de crear una ciudad inteligente, se necesita la optimización de un ambiente inteligente, es decir, que se aprovechen la tecnología de sensores, la economía del comportamiento y la ludificación en diversas infraestructuras físicas como empresas, universidades, hospitales, entre otros.

La educación es una de las áreas con mayor impacto, por lo que no puede quedar fuera al momento de diseñar una smart city. El aprendizaje virtual, la digitalización y la realidad aumentada han influenciado la forma en que aprendemos en la actualidad. El enfoque cambia del contenido digital en el aula al aprendizaje experiencial del mundo real, donde los estudiantes, los maestros y los expertos del mundo se conectan, allanando el camino para el aprendizaje de por vida.

El tema de seguridad también ha despertado especial atención, y es indispensable para que una ciudad pueda consolidarse como una smart city. A medida que el crimen se vuelve más inteligente y de alta tecnología, las agencias de seguridad necesitan prepararse para hacer frente a los ataques, por ello, los agentes de la ley a menudo utilizan drones, computadoras portátiles, reconocimiento facial y videos predictivos para combatir el crimen y proteger la seguridad pública. La información desempeña un papel cada vez más importante en la prevención de los delitos, conforme las agencias intentan anticiparse al delito aprovechando todos los flujos de datos existentes.

El aspecto de movilidad es cada vez más apremiante para las ciudades inteligentes, la infraestructura física que caminamos, montamos en bicicleta y manejamos, son parte del soporte de la cotidianidad. Los precios dinámicos basados en sensores, los modelos de transporte colaborativo habilitados para dispositivos móviles, como el uso compartido de vehículos y las aplicaciones de transporte social, ayudan a atender la congestión del tráfico en los principales corredores urbanos.

La movilidad surge como un servicio que se basa en una plataforma digital que integra la planificación de viajes de extremo a extremo, la reserva y emisión de boletos electrónicos y los servicios de pago en todos los modos de transporte, público o privado. Con base en dichas facilidades, lo que se espera es que exista una mejoría en la calidad y eficiencia de los medios de transporte.

Un gran ejemplo de las bondades de las ciudades inteligentes es perceptible en Hong Kong, donde el sistema de metro hace uso de tecnologías cognitivas, las cuales permiten un rendimiento más que impresionante, debido a que transporta a más de 5 millones de pasajeros diariamente y cuenta con un récord de 99.9 % en cuando a tiempo. En una semana típica, 10,000 trabajadores llevan a cabo unas 2,600 actividades de ingeniería en todo el sistema para que funcione sin problema alguno.

En lo que respecta a la economía inteligente, también existen puntos a destacar. El crecimiento digital y exponencial de las tecnologías en diferentes áreas ha permitido que la maquinaria reguladora del gobierno se vuelva ágil y receptiva. Los nuevos avances tecnológicos permiten que las ciudades inteligentes simplifiquen los procedimientos del gobierno, como los permisos, licencias, impuestos y más.

Por último, pero no menos importante, tiene que ver con la adopción del concepto de vida inteligente. La inmersión de dicha palabra implica un sinfín de enfoques que impulsan la mejora del día a día de los residentes en las ciudades, ejemplos de su inserción pueden hallarse en el control de salud, el establecimiento de sistemas para beneficiar las formas de uso de la energía o simplemente el brindar servicios más personalizados.

En general, es necesario comprender que la transformación de las ciudades a smart cities implica una serie de pasos precisos y estratégicos por parte de los gobiernos, quienes deben, primero, definir los objetivos al momento de trazar una ciudad inteligente; después, elaborar un diagnóstico que cubra los requerimientos de más impacto para los ciudadanos; luego, establecer acciones concretas para dar continuidad a las ideas, y así, finalmente pasar del plan a la implementación. Los beneficios se evidenciarán a largo plazo, no sólo en cuanto a una mejoría en la calidad de vida de los ciudadanos, sino en la reducción de costos de tiempo y dinero, algo que sin duda agradecerán los residentes.

Víctor Carrillo es socio Líder de la industria de Sector Público.