A pesar de que se liberó completamente el precio del gas licuado de petróleo (LP), con lo que los cerca de 360 empresarios existentes tienen margen para reducirlo y competir en el libre mercado, desde el 1 de enero se han observado aumentos mínimos de 13% en las zonas con más infraestructura para el reparto, como el Centro de la Ciudad de México, y de hasta 30% en zonas remotas del resto de la República en el precio al consumidor de este hidrocarburo.

De acuerdo con un sondeo de El Economista, en la Delegación Cuauhtémoc el camión repartidor de Gas Metropolitano vendió el combustible a 308 pesos el cilindro de 20 kilogramos y 462 pesos el de 30 kilos, lo que implica un precio de 15.4 pesos por kilo, 15% superior al del cierre del 2016 para la zona, con lo que, en términos absolutos, el gas costó 2.3 pesos más por kilo.

En Azcapotzalco, se reportaron ventas de hasta 16.8 pesos por kilo y en Tláhuac de 17 pesos el kilo, incrementos de 27 y 29% en comparación con el precio de diciembre.

En el caso de los repartidores de gas para tanques estacionarios, el precio de Gasomático pasó de 7.06 a 7.96 pesos por litro, lo que implica un incremento de 13% o 90 centavos por litro para éste que según la observación fue el más barato de los repartidores que circularon el martes por la Delegación Cuauhtémoc, ya que Gas Express Nieto vendió el litro a 8.12 pesos (15% más caro) y Gas Metropolitano lo vendió en 8.96 pesos por litro (27% más caro), un aumento de dos pesos por litro en comparación con diciembre.

Según diversas empresas consultadas, en la región Noreste del país Tamaulipas y Nuevo León los incrementos fueron de hasta 20% en Monterrey y Ciudad Victoria.

En las ciudades de Puebla, Zacatecas y Xalapa, los medios locales reportaron aumentos superiores al 21 por ciento.

En el sur-sureste, las empresas explicaron que el aumento en el precio a pie de planta, es decir, en la terminal fue de 15 a 17% y ya en la venta final, al público, el aumento fue de hasta un 20% dependiendo la modalidad en que ocurriera.

La mayoría de las empresas explicaron que el precio se podría mantener relativamente alto sobre los 8.12 pesos por litro en la Ciudad de México al menos las primeras dos semanas de enero y las variaciones ocurrirán con base en la demanda regional.

En tanto, la Asociación de Distribuidores de Gas Licuado del Interior de la República (Adigas) aseguró que sus observaciones preliminares en el Noroeste y el Centro del país coincidían en aumentos de hasta 4%, muy inferiores a los que los empresarios están aplicando realmente. En total, el valor del mercado de Gas LP ronda los 80,000 millones de pesos al año.

Ventas atadas

Además de los incrementos de precios, usuarios de la Ciudad de México han reportado también que los expendedores atan sus ventas a la infraestructura que han colocado aunque no sea de su propiedad, tanto en el caso de cilindros como en tanques estacionarios.

Por ejemplo, en la colonia Escandón de la delegación Miguel Hidalgo, la empresa Flamamex pintó desde finales del año pasado de amarillo los tanques de 20 kilogramos que surtía, de manera que si un usuario cambia de cilindro, ya no puede volver a comprarle a Flamamex, con planta en la delegación Gustavo A. Madero.

En edificios donde se cambió en los últimos cinco años el servicio de cilindros a tanques estacionarios tampoco se puede cambiar de proveedor, ya que la instalación corrió a cargo de una empresa que envía la factura mensual a los usuarios, que aunque ya pagaron por el equipo, no reciben el servicio de otros suministradores, también en el centro del país.

Tope del 2016, sin resultados

Desde el 1 de enero del 2016, los empresarios de gas LP tienen la facultad legal de importar el combustible, con lo que todo el año pasado se liberó parcialmente el precio, al cual las secretarías de Hacienda, Energía y Economía impusieron únicamente un tope con el fin de incentivar la reducción de precios mediante la competencia, situación que no sucedió.

Durante el primer semestre del año, las empresas con posibilidades de importar gas LP, que son dueños de la infraestructura que antes arrendaban a Petróleos Mexicanos (Pemex) para esta actividad, le quitaron a la estatal nada menos que la tercera parte del mercado, al suministrar el combustible a precios más competitivos que los de venta de primera mano que se imponen para la estatal.

Ante ello, Pemex dio descuentos de hasta 35% por volumen para sus clientes, buscando competir. Y con todo ello, no hubo descuentos a los consumidores domésticos en el precio final, que siguió siendo el tope de referencia.

Ante ello, la Comisión Federal de Competencia Económica realizó un análisis en el que detalló que hay zonas del país que se disputan el mercado entre tres y cuatro jugadores, como máximo.

Como respuesta, la Secretaría de Energía decretó una reducción de 10% al precio final a partir de septiembre, mismo que según sus análisis reflejaría los costos finales en una dinámica de oferta y demanda.

Este precio fue de 13.36 pesos para el kilo y 7.21 pesos para el litro en promedio a nivel nacional, que las empresas rebasaron desde los primeros tres días de la liberación.

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