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Del sesgo al liderazgo: 3 mujeres que impulsan startups
La preparación, la confianza y el respaldo de aliados estratégicos han sido claves para consolidar los negocios.

Melina Cruz, Natalia Moraga y Paulina Aguilar son tres mujeres que estran transformando los negocios en el sector tecnológico.
En México, sólo tres de cada 10 negocios son creados por mujeres y, cuando se trata de emprendimientos tecnológicos, la proporción es aún menor: apenas 10% de los proyectos liderados por ellas se ubican en este sector, de acuerdo con la Asociación de Emprendedores de México. La brecha es amplia, pero también la resiliencia de quienes han decidido abrirse paso en industrias tradicionalmente dominadas por hombres.
Acceso limitado a financiamiento, menor educación financiera y la carga desproporcionada del trabajo de cuidados son algunos de los obstáculos que enfrentan. Aun así, cada vez más mujeres participan en tecnología, fintech y plataformas digitales. En el marco del Día Internacional de la Mujer te compartimos tres historias que reflejan avances, retos y oportunidades.
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Tecnología con impacto: Melina Cruz Villafaña
Con 11 años en el ecosistema de startups, Melina Cruz Villafaña ha fundado empresas como Maqui, Homely y actualmente Chain. Su motivación fue clara desde el inicio; usar la tecnología para generar impacto real.
Me di cuenta de que tenía en mis manos la capacidad de no solo desarrollar una buena idea de negocio y que tuviera un impacto en la vida de otras personas, sino hacerlo realidad a través de la tecnología”.
Aunque su formación inicial es en finanzas, se especializó en desarrollo de software para materializar sus proyectos. Reconoce que la presencia femenina en el sector ha crecido, pero aún existen espacios donde predominan los hombres, como en reuniones de fintech o levantamiento de capital.
En su primera búsqueda de inversión enfrentó preguntas personales relacionadas con su género, mientras que los temas financieros se canalizaban hacia él. “Hoy veo una diferencia en los procesos de levantamiento de capital, pero sin duda sí sigue habiendo un reto: que lleguen más mujeres a la mesa a pedir capital”.
Desde Chain, un asistente virtual de Inteligencia Artificial que opera vía WhatsApp y ayuda a los negocios a gestionar cobros y entender su salud financiera, impulsa también mayor educación financiera para emprendedoras.

Negociar desde el valor: Natalia Moraga
Natalia Moraga, líder de Partnership en LemonTech, plataforma de gestión legal, construyó su carrera en industrias complejas como SaaS, logística y legaltech. Su trayectoria no fue lineal, pero sí estratégica.
Al inicio, reconoce, sintió que debía demostrar más en mesas de negociación donde solía ser la única mujer, especialmente en el entorno de tecnología, dirección comercial, toma de decisiones.
Con el tiempo dejó de enfocarse en la diferencia de género y puso el acento en el valor que aporta. “He comprobado que la negociación no se gana solo imponiendo, sino entendiendo los distintos intereses de los ponentes de la mesa de negociación. Hoy no entro pensando si soy o no la única mujer, entro sabiendo que estoy ahí porque agrego algún valor”.
Su confianza, explica, se ha construido con preparación, habilidades blandas y acompañamiento de líderes. En LemonTech se trabaja con métricas claras para impulsar la diversidad en posiciones directivas y medir resultados por impacto.
Nivelar la cancha desde el origen: Paulina Aguilar
Paulina Aguilar, cofundadora de Mundi, plataforma de soluciones financieras para empresas exportadoras, también enfrentó sesgos. En sus primeras reuniones con clientes, en su mayoría hombres, se dirigían a su socio pensando que ella era la asistente.
Su cofundador intervenía de inmediato: “Oigan, la que toma la decisión es ella, no soy yo”. Para Paulina, contar con socios que compartan una visión basada en capacidades y no en género es clave. “Tuve mucha suerte porque tengo cofundadores que son personas muy educadas y que nunca tomaron decisiones con base al sexo de una persona”.
Considera que para aumentar la participación femenina en tecnología se requieren políticas de cuidados más sólidas y programas de maternidad y paternidad equitativos. Pero también un cambio desde la educación básica: “enseñar a las mujeres que tienen las mismas capacidades, o incluso más, que los hombres para entrar en carreras STEM”.




