Bali, Id. No está claro en qué punto estamos, muchos dicen que la guerra ya comenzó, lo único cierto es que ya se han disparado algunos tiros, dice Roberto Azevêdo, director de la Organización Mundial del Comercio (OMC). “Sólo nos queda esperar a que la guerra comercial no llegue al peor escenario porque eso significaría una caída de 17% del comercio mundial y una afectación al Producto Interno Bruto global equivalente a 1.9 puntos porcentuales”.

Los números son proyecciones hechas por economistas de la OMC, asumiendo un alza generalizada de los aranceles, explicó Azevêdo en una cita con periodistas en el contexto de la reunión del FMI en Bali, Indonesia: “nuestros modelos dicen que China sería más perjudicado que Estados Unidos, pero establecen que no sólo estos dos países serían afectados: el grado de afectación de cada país estaría directamente relacionado con su nivel de participación en el comercio mundial”.

“(La guerra comercial plena) es un escenario que debemos evitar a toda costa y estamos haciendo todo nuestro esfuerzo”, dice el diplomático brasileño que encabeza el órgano rector del comercio mundial, “pero es claro que por el momento no hay un diálogo muy constructivo entre Estados Unidos y China (...) en el contexto de la OMC, nosotros tenemos conversaciones constantes con representantes del gobierno de Estados Unidos y China, pero no podemos participar como mediadores, si ellos no lo solicitan”.

Para poner la cifra de la caída potencial en perspectiva, basta decir que el comercio mundial ha crecido en promedio a una tasa de 1.5% anual. La crisis del 2008-2009 implicó una caída entre 2 y 3% anual. Entre las cosas que la OMC podría hacer para minimizar el riesgo es avanzar en la reforma de la propia OMC: “Estados Unidos y China han expresado su deseo de que haya cambios profundos en la forma en que funciona el sistema multilateral de comercio”.

Crisis existencial

En este mismo escenario, en el Centro Internacional de Convenciones de Bali, el expresidente de México, Ernesto Zedillo, habló del tema: “creo que el comercio global vive una crisis existencial, profunda: el país que impulsó el sistema multilateral es ahora el que más está haciendo por debilitarlo. Ha impuesto aranceles a China y a sus socios tradicionales, sin respetar los procedimientos de la OMC y con argumentos espurios, habla de que algunas importaciones amenazan su seguridad nacional y ni siquiera se preocupa en justificarlo de acuerdo al debido proceso (...) es tan grave la crisis que me parece casi superficial hablar de qué podemos hacer para mejorar los procedimientos de la OMC”.

El mexicano hizo una apasionada defensa del libre comercio, que incluyó un reclamo a los organismos multilaterales por no ser más firmes en su defensa del comercio: “por momentos, parece que hay un sentimiento de culpa (...) los problemas de pobreza y desigualdad no son culpa del comercio libre. Son consecuencia de las decisiones de política interna que los gobiernos tomaron. Hay acciones que se debieron implementar para cerrar la brecha entre ricos y pobres. No se hicieron y es fácil para los políticos culpar al comercio. Lo malo es que hay veces también en que los economistas están participando en esta argumentación. Un mal diagnóstico puede llevar a una pésima solución: el proteccionismo”.

Una cosa que es clave es dejar claro que el multilateralismo no es el problema sino parte de la solución, dijo el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, que participó en el mismo pánel que Ernesto Zedillo: “me parece peligroso hablar de la guerra comercial, creo que debemos hacer los esfuerzos diplomáticos para resolver esta crisis. Confío en que las instituciones multilaterales podrán resolver la situación (...) necesitamos que todos se suban al barco: Estados Unidos y China”.