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Opinión

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Inversión extranjera directa

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Isaac Katz | Punto de vista

Isaac Katz

Se pueden identificar cuatro etapas de los flujos de la inversión extranjera directa (IED) canalizados hacia México. La primera incluye los años en los cuales la economía se desenvolvió bajo un esquema de protección a la industria nacional. La segunda abarca el periodo que va de 1986 a 1993 cuando México se unió al GATT y emprendió una política unilateral de apertura comercial. La tercera comprende los años TLCAN/T-MEC hasta el advenimiento de la cuatroté. Finalmente la cuarta son los años en los cuales hemos experimentado la destrucción institucional, misma que se profundizó durante los últimos tres meses del gobierno de López y el primer año de la presidente Sheinbaum.

En la primera etapa la IED fue el mecanismo utilizado por las empresas foráneas para saltarse las barreras arancelarias y no arancelarias que el gobierno impuso para proteger a la industria nacional de la competencia por parte de productores extranjeros. Los flujos de IED (nueva más reinversión de utilidades), que promediaron apenas unas cuantas decenas de millones de dólares anuales durante las décadas de los sesenta y setenta, se dirigieron primordialmente a la producción de bienes de consumo duradero como fueron automóviles y línea blanca.

En la segunda etapa, la apertura comercial unilateral adoptada por el gobierno significó la reducción del sesgo antiexportador de la política comercial proteccionista. Esto cambió las reglas del juego para las empresas nacionales y extranjeras las cuales iniciaron un proceso de reconversión y modernización tecnológica. En esta etapa, dado que el mercado relevante ya no solo fue el interno como sucedió en la etapa de sustitución de importaciones, los flujos de IED (nueva más reinversión de utilidades) que promediaron casi 3,000 millones de dólares anuales se empezaron a orientar a producir para exportar siendo el principal destino el mercado estadounidense

La entrada en vigor del TLCAN en 1994 marcó un hito en la historia económica de México. El tratado, por una parte, dio la señal de que la apertura de la economía iba a ser permanente y, por otra, estableció nuevas reglas bajo las cuales se gobernarían a las empresas de la región, otorgando certeza jurídica a la inversión extranjera. Este cambio institucional generó el incentivo para impulsar mayores flujos de IED (nueva más reinversión de utilidades) de forma tal que el promedio anual entre 1994 y 2018 fue de 24 mil millones de dólares. Es importante señalar que las reformas estructurales que se instrumentaron en el denominado “Pacto por México” (IFT y Cofece efectivamente autónomos, la apertura del sector energético a la inversión privada nacional y extranjera, etcétera) dieron un impulso adicional a la IED. Así, solo en periodo 2014 - 2018 el flujo promedio anual de IED fue de 32,800 millones de dólares.

Finalmente el periodo de la cuatroté, el de la destrucción institucional y el debilitamiento del Estado de derecho y de la certeza jurídica. Este periodo se puede subdividir en dos 2019 - 2022 y 2023 - 2025. En el primer subperiodo el promedio anual del flujo total de IED (nueva más reinversión) fue de 33 mil millones de dólares, prácticamente igual que en período 2014 - 2018 y los flujos de nueva inversión promediaron 13,500 millones de dólares, inclusive superiores que los experimentados en el periodo presidencial de Peña.

Para el segundo subperiodo, el flujo promedio anual de nueva inversión más la reinversión de utilidades de 33,000 millones de dólares fue nuevamente igual a la registrada en el periodo 2014 - 2018 y que en el subperiodo anterior. Sin embargo, el promedio anual de los flujos de nueva inversión fue de únicamente 5,576 millones de dólares, una caída de 59% respecto del primer subperiodo de la cuatroté.

Para el año pasado, de acuerdo a información preliminar provista por el Banco de México en su informe sobre la Balanza de Pagos, el flujo total de IED en México que incluye nuevas inversiones y la reinversión de utilidades ascendió a 34,986 millones de dólares, de los cuales 7,337 millones fueron nuevas inversiones (78.5% superiores a las de 2024) y 27,649 millones correspondieron a la reinversión de utilidades (3.7% menos que en 2024). Aunque parecería que el año pasado fue “bueno” por el significativo aumento que experimento el flujo de nuevas inversiones, en realidad este sigue siendo notoriamente inferior a la registrada en el periodo de 2014 - 2018 e inclusive menor que el periodo 2019 - 2022.

Fue durante este segundo subperiodo de la cuatroté, particularmente a partir de septiembre de 2024, cuando se aceleró la destrucción institucional con los diferentes cambios constitucionales y legales, destacando la eliminación de los contrapesos al ejercicio autocrático del poder como la eliminación de los órganos constitucionales autónomos, la reforma judicial que de facto eliminó su independencia (e imparcialidad) y la reforma a la Ley de Amparo, sin olvidar las reformas al marco legal del sector energético. Todos estos factores en conjunto han inhibido la IED e impiden que México aproveche íntegramente la posición privilegiada que tiene en el mundo: vecino geográfico de la economía más grande del mundo con la cual, además, se tiene un tratado de libre comercio.

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